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Domingo, 28 de Mayo de 2017
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¡A tomar viento!

Amigo Sancho, no son molinos, son gigantes…


 

¿Os acordáis de aquella cuestión de nuestra más tierna infancia, cuando tratábamos de definir de forma técnica y expresiva lo que era el viento y respondíamos de carrerilla: “las orejas de (…) en movimiento”?

 

Hoy, cual brisa de cierzo o bochorno, vengo a hablaros de la energía eólica (producida por el viento), recurso abundante de nuestros montes, que se aprovecha para producir electricidad, también llamada energía renovable, alternativa, blanda, limpia, verde…

 

¿Por qué energía eólica?

El término procede de la mitología griega y del personaje “EOLO”, que era el guardián de los vientos, vivía en la isla flotante de EOLIA y tenía, cual “Harry Potter”, el poder de enfurecer o de amainar los vientos. Hablando de mitos y de realidades, más o menos lejanas, me viene a la caletre el pasaje de Lucas, 8, 23-25, en el que unos apóstoles asombrados y cagados de miedo dicen: ¿Pero quién es éste que hasta los vientos le obedecen?

 

La energía del viento se podría decir que es casi tan antigua como el mear. Se han apreciado grabados egipcios que datan de 3000 años AC, en los que se muestran barcos movidos por la fuerza del viento. Hay constancia de que siete siglos DC en Persia estaban asentados los primeros molinos. En Europa, primero en Francia e Inglaterra, luego en el resto del continente, se tiene constancia de su existencia desde el siglo XII. La industria actual de este tipo de energía comenzó a partir del año 1979. Actualmente los países de mayor producción eólica son Alemania, España y Estados Unidos.

 

El funcionamiento de estas “maquinitas” requieren al menos de velocidades en torno a los 20 km/h, el máximo rendimiento se obtiene en torno a velocidades de 40-50 km/h y en teoría dejan de funcionar cuando alcanzan los 100 km/h o superiores.

 

Uno de los principales inconvenientes que nos encontramos son los problemas medioambientales en su generación y transporte. Impacto ambiental y paisajístico que modifica o transforma el suelo cuando se transportan estos gigantes con vehículos de gran tonelaje. Por otro lado, esto también contribuiría a un mejor acondicionamiento de nuestras vías, sin olvidar la modificación paisajística, el deterioro del suelo, las molestias que ocasionarían a los animales, la pérdida de especies (animales y vegetales) y la eterna duda de si el parque eólico sería compatible con actividades como caza y paseo.

 

No habría evolución ni progreso sin transformación, sin ruptura con el pasado para avanzar, si no seguiríamos todavía en la época de las cavernas…

 

A todo esto conviene añadir que con respecto a otras fuentes de energía supondría un precio interesante y competitivo, aparte de ser menos contaminante. Uno de los riesgos que no conviene desdeñar sería el riesgo de electrocución para las aves, al posarse en los apoyos de los postes. Alguien pensará: ¡y qué más da un buitre más que uno menos!, ¡con la de buitres que hay por todos lados!

 

Tampoco me quiero olvidar de algunos posibles riesgos, ya sea de incendio, por caídas accidentales de un poste por un rayo, calentamiento de motores, averías…

 

Se habla, se ensalza, se alaba y se desea que vengan como “el maná en el desierto” (nunca mejor dicho) y que multipliquen los puestos de trabajo.  ¿Para quién?, ¿cuántos?, ¿por cuánto tiempo?, ¿en qué condiciones?...Y una vez realizado e instalado el parque eólico, ¿sería todo el beneficio para el pueblo o para la empresa instaladora y/o explotadora? ¿Cómo se prevé el balance para los cornagueses en relación a los perjuicios o servidumbres y beneficios?

 

Nadie da los duros a 4 pesetas. Alguien ya le ha puesto cara y nombre a esa fuente de ingresos. En un principio se puede ver como un gran incentivo para el pueblo a la suma de unas perrillas o eurillos (en el lenguaje del singular  Nerds Flanders). Algo realmente tentador, aunque lo malo que tiene el dinero sucede cuando éste se gasta y nos damos cuenta de que hemos empeñado nuestros intereses, los hemos prostituido o los hemos sometido a una servidumbre demasiado cara… ¿Os dice algo los ingresos que vinieron al pueblo con el coto social de caza o las riquezas  multimillonarias que iban a generar las importantes empresas champiñoneras?

 

Y hablando de condiciones y servidumbres. ¿Por qué sí o por qué no  nos conviene este tipo de construcciones en nuestro pueblo? ¿Si los demás los tienen, también nos convienen a nosotros? ¿Si los demás se tiran por la ventana, hacemos nosotros lo mismo? ¿Consentiríamos, por ejemplo, que Cornago se convirtiese en un basurero nuclear, si con ello nos dieran un buen pellizco del vil metal y muchos puestos de currrelo?

 

Hablando de otras cosas, para llegar al mismo punto de partida, esta mañana, 19 de enero de 2011, nos hemos desayunado con un artículo, cuanto menos interesante, que me ha puesto los dientes largos y me ha dejado la mosca detrás de la oreja, que lleva por título: “Eclipse total de sol en el cielo riojano”, a propósito del decretazo fotovoltaíco y que a la hora de las subvenciones de este tipo de energía de las limpias (de las placas solares), se han cambiado las reglas del juego una vez comenzado el partido y que los inversores dejarían de percibir entre el 20 y 25 % . ¡Y la pela es la pela! y en estos menesteres,  a nadie se la pela...

 

Después de “la chapa” que os he dado con estos comentarios (míos) y a partir de ahora (vuestros, si vosotros queréis), tras estar sometida mi cabeza a una ventolera o presión tipo “olla expres”, os invito a pensar sobre estas y otras cuestiones y que los cornagueses (con o sin ecologistas), hagamos realmente aquello que más convenga a nuestros intereses, entre todos, con el mayor consenso y por el bien de nuestro pequeño, pero GRAN  pueblo.

 

Ahora me voy como una ráfaga del susodicho…

 


24/Ene/2011

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