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Martes, 12 de Diciembre de 2017
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CRÓNICAS DE UN PUEBLO (VI)

Desde Argentina.


Día 21 de Noviembre, Lucía, mi mujer, me entrega una página (la Rioja en el recuerdo) de la revista COMUNIDAD en la que aparece una fotografía de una fuente de Cornago (que yo no recuerdo) con algunas personas recogiendo agua . La fotografía viene enviada desde Argentina por Marta Anguiano Martínez  y explica que una de las personas que aparecen es su madre. Observo con detenimiento la instantánea numerosas veces intentando averiguar dónde estaba ubicada la citada fuente y de qué familia podría ser la persona de la que se habla - aunque no consigo descifrar nada-….e intuyo que detrás de esa fotografía, seguro que mil veces vista y acariciada, debía haber una historia (quizás feliz, o muy feliz ¡ojalá!, pero probablemente dura o muy dura) de supervivencia, de lucha por la vida en años difíciles, y que como homenaje y recuerdo a los protagonistas, merecía ser contada. La fuente ya no existe (recientemente he comprobado el error de lo publicado en la revista, pues estaba ubicada en Igea) y los protagonistas directos lamentablemente tampoco, pero sí sus descendientes para que su memoria se perpetúe.

Consigo contactar en Argentina con  Marta Anguiano  Martínez  y me envía el texto que  a continuación se  puede leer.

P.J.D.
 
                                                 MI MEJOR HOMENAJE
 
Josefa Martínez San Victor era mi madre. Una mujer encantadora que había nacido en Cornago (La Rioja) un 24 de agosto de 1924. Tendría ahora 84 años si el cruel destino no me hubiese privado de ella hace ya casi 28. Mis abuelos por parte de madre, eran Marta San Victor y Apolonio Martínez  y vivían en una humilde casa en Cornago, frente a la cual tenían un pequeño taller en el que mi abuelo ejercía su profesión de estañador. Además de mi madre, 5 hermanos más componían la familia: Rufina, recientemente fallecida en Igea, María, Jacinto, Águeda y Luis.
 
Explicar cómo pudo ser su infancia no resulta sencillo. Baste decir que al cumplir mi madre los 8 años murió mi abuelo a la edad de 42, quedando sola mi abuela con 6 hijos a su cargo lo que obligó a todos ellos a trabajar desde muy temprana edad para  ayudar así a su madre y sacar a flote la familia. Pero para que la agonía se prolongase España se sumergió en una Guerra Civil y una posguerra que trajo más miseria y calamidades por doquier .
 
Ante esta situación mi madre salió a “servir” a una casa de Igea (seguro que sabéis de quien hablo pues cuidaba a Pedro Sáez de Guinoa y sus hermanos), teniendo a su cargo a 3 niños pequeños y haciendo las tareas de la casa con 16-17 años. Allí conoció a mi padre Mariano Anguiano Belloso, natural de Igea, y empezaron a salir hasta que en 1945 mi padre tuvo que ir al ejército de donde se licenció  en 1948. Mi madre lo esperó todo ese tiempo y se casaron un 28 de Diciembre de 1949.


Mis padres en una fotografía del año 1980
 
Eran los años difíciles de la posguerra española y el trabajo escaseaba en todos los frentes y la construcción ( mi padre era albañil) no fue una excepción.
 
En Argentina vivía un hermano de mi abuela paterna, D. José María Belloso y lo mandó llamar. Después de algún tiempo de dudas e incertidumbres partieron hacia esta desconocida tierra en septiembre de 1950, estando mi madre embarazada de  6 meses de mi único hermano, José María, con el riesgo que ello suponía por una travesía tan larga y la obligación que le impusieron de ir acompañada de una enfermera. Fueron 30 desesperantes días, en un barco de carga; el trayecto se les hizo eterno, sin más compañía que la tripulación del propio barco y un grupo de pasajeros que como ellos llevaban a sus espaldas la ilusión de una nueva vida, pero también el embargo por la tristeza de dejar atrás lo que había sido su vida hasta esos momentos, su familia, sus amigos y la tierra que les vio nacer y que no sabían si volverían a pisar. Era como romper con todo lo que había sido su existencia hasta ese instante, cerrar los ojos y empezar de cero. He imaginado muchas veces cómo pudo ser la escena de despedida al zarpar el barco, con los pañuelos al aire, las lágrimas recorriendo las mejillas y el sentimiento plagado de incertidumbres, de recuerdos, de emociones…………..
 
A los dos meses de llegar nació mi hermano y supuso una alegría enorme en el difícil momento que estaban pasando intentando adaptarse a la vida y costumbres de un nuevo país.
 
Aquí no les resultó nada fácil, tuvieron que trabajar mucho y sacrificarse al máximo, y pasada una quincena de  años  lograron comprar una casa y en ella  ( mi padre, con la ayuda de mi madre y mi hermano, pues yo era muy pequeña )construir  lo que luego sería nuestra fuente de ingresos: un negocio de venta de carne, frutas y verduras llamado “La Riojana” en recuerdo a la tierra que les vio nacer y que nunca olvidaron. Tenía yo entonces 5 años y ahí me crié.
 
Lamentablemente la salud de mi madre nunca fue buena, probablemente por el clima o sobretodo por el desarraigo de su pueblo, su país y fundamentalmente de su madre y hermanos, y este cúmulo de acontecimientos no la dejaron ser todo lo feliz que hubiera querido y merecido. Creo que sólo quien haya pasado por una situación similar puede valorar la dureza de lo que estoy contando. Desde aquel mes de septiembre de 1950 en que partieron para Argentina nunca más volvió mi madre a ver a la suya o a  sus hermanos pues nunca pudieron volver a su España natal  y ese vacío ni su marido ni sus hijos logramos ocuparlo. Era una mujer especial. Sin pasión de hija debo decir que  no he conocido a ninguna persona más buena y generosa………. y a pesar de haberla perdido cuando tenía yo 18 años ( hoy tengo 45), en este momento estoy llorando al recordarla.
 
Hace ahora dos años viajé a España a conocer mis raíces; la gente que la conoció a ella y a mi padre los recordaban con mucho cariño y para mi es una gran satisfacción. En Cornago tuve el placer de conocer a María Ríos que es prima mía por parte de madre y recorrer las mismas calles que mi madre recorrió de pequeña haciendo especial énfasis en su calle y en su barrio…….. y la imaginé allí jugando de niña con sus hermanos, amigos y vecinos,  y ayudando de mayor en las tareas domésticas. Busqué la fuente de la fotografía, pero ya no estaba (hace escasos días he salido de mi error al saber que estaba ubicada en Igea)  aunque sí encontré la casa donde nació mi madre, en la calle San Gil junto a la que actualmente ocupa Pedro Cano con su esposa, así como el local donde mi abuelo estañaba y todo ello supuso para mi un cúmulo enorme de emociones. Imaginar allí a mis abuelos, a los que nunca conocí y sobre todo a mi madre, me invadió de melancolía. Por ello es para mi  muy importante y emocionante a la vez  escribir estas líneas…..sintiendo, eso sí, nostalgia y un halo de profunda  tristeza por lo injusta y dura que es a veces la vida.
 
Realmente mi madre pasó momentos muy difíciles. No conocí a mis abuelos, ya que murieron antes de nacer yo, y los de mi padre sólo por carta y luego por teléfono lamentablemente. Luego de 10 años perdí a mi padre también.
 
Aquí va mi reconocimiento al sacrificio de mi madre , esa mujer de infancia difícil, y  de mi padre, para que sus hijos tuvieran un futuro mejor. Dejar en estas líneas un poco del enorme cariño que ellos me dieron y que  mi corazón almacena, hace que me sienta reconfortada.




 
 
Os dejo con la fotografía de la fuente anteriormente citada (de los años 40; mi madre aparece a la izquierda recogiendo agua) y la de la casa de Cornago en la que nació (la puerta de acceso se ve tapiada pues fue anexionada la vivienda al edificio contiguo por los vecinos que la adquirieron), que siempre conservo con mucho cariño. Creo que sintetizan la humildad y sencillez de lo que fue su vida.
 
Gracias por leer estas breves notas escritas desde la distancia pero con el corazón, por alguien que se siente plenamente  identificado con sus orígenes. Gracias a todos los que alguna vez hicieron feliz a mi madre, a mi padre, a todos los que los recuerdan…...….…gracias de corazón. Que el nuevo año traiga para todos los mejores deseos.
 
Marta Teresa Anguiano Martínez
Mar del Plata
Buenos Aires
Argentina
 


23/Ene/2009

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