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Martes, 22 de Agosto de 2017
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DON ÁLVARO DE LUNA

Condestable de Castilla y Maestre de la Orden de Santiago (Cañete 1390-Valladolid 1453).
Dedicado a Leticia y Daniel Mendoza Jiménez


PARTE I

Escribir sobre D. Álvaro de Luna no resulta complicado dada la importancia de su figura y la trascendencia que tuvo en la Castilla del siglo XV, ya que fue el más popular y poderoso de su tiempo. Intentar ser objetivo al pregonar los peldaños que durante su vida fue subiendo y bajando lo dificulta un poco más dada la enorme complejidad de su persona y la época  convulsa en que vivió. Ya se sabe además que si la ficción es más bonita que la realidad es la ficción la que perdura en la historia (nos gusta que las fantasías perduren). La historia sin estos aderezos parece que fuera menos historia. Un ejemplo claro lo tenemos en el llamado “derecho de pernada” que en  Castilla, bajo el control de D. Álvaro de Luna, no existió como tal  y menos en sus villas propias y posesiones como Cornago ya que el Condestable NUNCA lo hubiese permitido dada su rectitud y la valoración que tenía por la mujer (incluso escribió un libro sobre ellas…titulado “Virtuopsas e claras mugeres”, en defensa de las féminas y que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca.), pero ya se sabe….las tradiciones orales aún pudiendo tener una base verídica en un momento y lugar dados, o incluso  ser un hecho real muy puntual, van engordando su leyenda con los aderezos que cada “transmitente” le va dando, pudiendo llegar a nuestros días  con gran carga de desfase………

Intentaré centrarme principalmente en aspectos de su persona sin olvidar sus logros políticos o militares que nos ayuden a comprender su retrato, procurando no perderme con bailes de fechas, datos históricos y otras referencias  obligadas, aunque la tarea no resulta fácil.

“Amor y odio se reparten su imagen y es muy difícil encontrar en la historia española una figura tan emergente, tan atrayente y tan novelesca como la de aquel gran seductor de amigos y enemigos, que prefirió la muerte antes que renunciar a su orgullo y a la amistad que creía perdida, de su Rey  Juan II”. (así lo define Criado del Val).

Castilla era en esa época un volcán en erupción plagado de envidias y deseos enormes de riqueza fácil al lado del Rey o fuera de él, y la figura de D. Álvaro de Luna, paradigma de la grandeza y la historia  de una edad turbulenta y estremecedora, ganador de numerosas batallas y conflictos bélicos, era un freno para todos los que querían lucrarse de forma rápida y fácil.

Hombre recto, de fuertes convicciones religiosas, guerrero y estratega inigualable y sobre todo hombre leal como nadie a su Rey Don Juan II no permitía ni aceptaba estos desmanes. Su lugar, siempre próximo al campo de batalla y por lo tanto alejado durante gran parte del año de los tejemanejes de la Corte, dio alas a sus enemigos para la conspiración continua, lo que le llevó en tres ocasiones a ser desterrado. Esto que para cualquier persona hubiese sido un deshonor,  para D. Álvaro sólo significó  acatar la voluntar real  sabiendo que su conciencia estaba limpia de cualquier maquinación. Significaron además estos tres destierros  un reforzamiento de su figura pues en ambos tuvo el Rey que volverlo a llamar y pedirle y rogarle, hasta tres veces en alguno de los casos, su regreso inmediato ya que sin él el caos se apoderaba de Castilla. Su regreso suponía un inmenso gozo para el pueblo y para los cortesanos celebrado con banquetes, justas, torneos,  bailes, saraos y toda clase  de juegos incluido el de la pelota .

Esto demuestra fehacientemente los desmanes y envidias que se tramaban continuamente en el reino, pleno de intrigas sangrientas, de ambiciones insatisfechas y cómo muchos de los nobles buscaban tener lejos a D. Álvaro para su propio enriquecimiento y levantamiento contra el Rey, llegando a considerar a éste como un juguete. Conviene recordar  también que muchos de los nobles tenían un gran ejército propio y posesiones enormes. D. Álvaro  y su fuerte personalidad impedían estos desmanes y así lo hizo durante su vida, aunque la perdiera  en ello. Luchó por reforzar la autoridad de la Corona, la cual era en Castilla la única alternativa al caos.

No podemos olvidar que el siglo XIV y XV significó el auge de la ganadería en Castilla y ocasionó la potencialidad económica de no pocos concejos y villas ya fuesen de realengo o estuviesen sujetos a señorío. Y Cornago no fue una excepción. De ahí la importancia de los señores de la Villa y del propio D. Álvaro en mantener este señorío y las continuas peleas que tuvo que soportar con los infiltrados de Navarra y Aragón para su defensa.

D. Álvaro había nacido en Cañete (Cuenca) en 1390. Hijo ilegítimo de D. Álvaro Martínez de Luna (copero del Rey Enrique III) y de una mujer de humilde condición social llamada María Fernández de Jarana  (La Cañeta).

Por parte de padre descendía de una de las más ilustres familias aragonesas como era la casa de los Luna. Su tío-abuelo, D. Pedro de Luna,  fue el Papa Benedicto XIII, el considerado antipapa. Su abuelo, Juan Martínez de Luna, hermano de Benedicto XIII, había ayudado a Enrique de Trastámara en la guerra fratricida de Castilla recibiendo de éste los señoríos  de Alfaro, Jubera, Cornago y Cañete iniciándose aquí el entronque entre Cornago y la familia Luna.

Ya desde muy joven quedó D. Álvaro al amparo de Benedicto XIII. Era un niño inteligente y despierto, distinguido y brillante con las armas, buen jinete y excelente cazador, culto, discreto, reservado y ambicioso y ya despertaba una clara vocación de líder. Recoge  José Serrano en “El Condestable” que “cuando tenía 10 años ya sabía todas las cosas que los otros niños grandes comenzaban a aprender. Sabía leer y escribir lo que convenía para ser caballero y sabía cabalgar y ponerse bien a caballo y procuraba traer limpio y en buenas condiciones lo que llevaba puesto y ser muy cortés y muy gracioso en su habla siempre prudente”

Estas cualidades y la influencia del Papa Luna, sirvieron para introducirle en la Corte como paje y compañero de juegos  del rey Juan II, cuando D. Álvaro andaba en los 17 años y el Rey próximo a los 3, el cual había quedado sin padre dos años antes.

La consideración y el afecto por parte de la familia real fue inmediato. Su desenvoltura, y su agradable conversación ayudaron a ello. Amante de los juegos, de la danza y de la música, su  trato elegante y gentil le llevaron a ser una referencia en la Corte y a ser nombrado oficialmente único paje del Rey, sólo un año después de su llegada, debido al enorme cariño que el jovencísimo monarca le había tomado. Esto suponía convertirlo en la persona que habría de estar junto a él las 24 horas del día. Fue como un niñero para su futura majestad,  ejerciendo igualmente muchas de las funciones de un educador.

Se convirtió así en inseparable de su Rey compartiendo con él toda su infancia, sus juegos, sus travesuras y todo lo que un niño de su edad anhela y desea. D. Álvaro montaba extraordinariamente a caballo, excelente lancero, buen poeta y elegante prosista, cortés y gracioso en el diario discurrir, despierto, inteligente, amigable ....Todo esto hizo que el Rey tuviese admiración  ciega por él. Fue su inseparable amigo, el hermano mayor del que recibía consejos y seguro que alguna reprimenda, la mano que le guiaba, el brazo que le aupaba al caballo…………

Cuenta la historia que fue tal el apego que el joven futuro Rey  le tuvo,  que muchas noches no se acostaba si a su lado no lo hacía D. Álvaro. Éste le recitaba romances caballerescos plenos de intriga y batallas hasta que el sueño podía con el Monarca……En las noches de tormenta con profusión de rayos y truenos eran los brazos de D. Álvaro los que le  cobijaban y adormecían………Así fue pasando el tiempo, durmiendo siempre a los pies de la cama del Rey para que éste se sintiese seguro.

Durante todos estos años fueron escasos los momentos en los que D. Álvaro tuvo que ausentarse de la corte (en algún caso para visitar a sus familiares en Aragón) y en todos ellos el pesar del joven monarca fue evidente: se abrazaba pesaroso a su cuello y le rogaba con lágrimas en los ojos que no se demorase su regreso.

Así podemos imaginarnos la infancia de este Rey voluble y disoluto, como nos lo presentan las crónicas, junto a D. Álvaro, viendo a éste como un hermano mayor, y correspondiendo D. Álvaro  con enormes muestras de cariño.

Mientras llegaba a la mayoría de edad, el tío del futuro Monarca, Fernando, era quien gobernaba. Sin embargo en 1412  Fernando fue elegido Rey de Aragón pasando la regencia a manos de la madre del Rey, Catalina de Lancaster, mujer de nula capacidad para ello. Entre ambos rigen los destinos de Castilla hasta que en 1416 muere D. Fernando.

En 1418 ( algunos autores precisan que fue en  marzo de 1419 con 15 años) fue considerada su mayoría de edad cumplidos los 14 años y se le entregó la corona con todas las prerrogativas, derechos y obligaciones viéndose enseguida que no era persona para soportar el peso de un reino y aquí, como podemos imaginar, la influencia de D. Álvaro empezó a tener su efecto y fue él de alguna manera quien empezaba a guiar los destinos de Castilla ya que sus palabras eran mensajes directos que el Rey aceptaba con sumo orgullo. Se iniciaba así el futuro valimiento en el trono de Castilla y empezaba aquí la carrera “político-militar” de D. Álvaro de Luna.

Intentaré  a continuación  reflejar los datos y hechos más relevantes de su vida procurando dentro de lo posible no extenderme en demasía  y que exista una cierta ligazón:

1418: En este mismo año que D. Juan es declarado mayor de edad muere la Reina madre Catalina de Lancaster, siendo esto mayor motivo para que D. Juan siguiera refugiado en su gran amigo D. Álvaro.

1420: Se casa D. Álvaro con Dña. Elvira de Portocarrero . Ello le valió como regalo de bodas que el Rey le diese como suyas las villas de Jubera, Cornago y algunas otras que habían pertenecido a su padre, el copero mayor D. Álvaro de Luna.

1420: El Rey , D. Álvaro y un grupo de nobles habían sido hechos prisioneros a traición, en su mismo palacio de Tordesillas,  por un grupo de insurgentes del reino comandados por Enrique, infante de Aragón. Posteriormente D. Álvaro consiguió escapar y días  después, dando buena muestra de sus dotes de estratega, logró liberar al Rey.

1421: Año de calma en el que D. Álvaro acompaña al Rey en numerosas cacerías, festejos y todo tipo de juegos.

El Rey le hace entrega de la Villa, tierras y Castillo de San Esteban de Gormaz y también de la villa y tierras de Ayllón .

1422: D. Álvaro toma prisionero al infante Enrique por su insubordinación y rebeldía al apresar al Rey e ingresa en prisión fuertemente custodiado. El Rey ordena que sus bienes y los de los nobles afines sean confiscados y repartidos entre los nobles leales ( para ejemplo y escarmiento de quienes quisieran tomar de ello la debida lección) por lo que es fácil de imaginar que a D. Álvaro le tocaría la mayor parte.

1423: Fue el año de las grandes recompensas para D. Álvaro. Fue nombrado Condestable de Castilla y León con mando absoluto en todos los ejércitos del reino. Fue exactamente el 10 de  Diciembre de 1423. Se celebró el acontecimiento con numerosas fiestas como relata Gonzalo Chacón en su biografía.

Fue un año de calma y bienestar inhabitual.

José Serrano en El Condestable destaca que ”además de este título se le dieron otros como el de Camarero Mayor de la Cámara de Paños y el de Notario Mayor del Reino. Estos títulos aparecen eclipsados por el de Condestable pero tenían una extremada importancia. El cargo de Camarero Mayor de la Cámara de paños requería  de la persona que lo ostentaba la máxima confianza por parte del Rey. Era su misión la de encargarse de las intimidades del Monarca en los aspectos más diversos tales como cuidar y vigilar la habitación donde dormía, comprobar el estado de su cama, el de las ropas interiores y exteriores de su vestido así como la custodia  y atención de los escritos y documentos que sólo debe conocer el Rey. También era misión suya controlar el dinero de las arcas reales.

Entre las competencias adheridas al cargo en el segundo de los títulos (Notario Mayor del Reino) estaba la de  controlar el contenido de las cartas dirigidas o enviadas en nombre del Rey, y guardar el sello.”

1425: Durante estos últimos  tiempos, al estar en prisión el infante Enrique, Castilla vivió un periodo de calma y tranquilidad.

Embajadores del reino de Aragón realizan numerosas gestiones con D. Álvaro para que éste interceda ante el Rey a fin de conseguir la libertad del Infante (se le ofrecen a D. Álvaro algunas posesiones en Aragón si interviene) . D. Álvaro declina recibir nada a cambio en una muestra de honradez, no siendo ello óbice para interceder con éxito  por su libertad,  la cual consigue en este mismo año.

Pero una vez libre el Infante, enseguida  conspira nuevamente  contra Juan II con sus hermanos los Reyes de Navarra y Aragón y algunos nobles.

Nace Enrique IV hijo de Juan II.

1427    Llega el propio Infante  a conseguir  el destierro de D. Álvaro retirándose éste a su villa de Ayllón, observando desde allí cómo el caos se apodera de Castilla y recibiendo de vez en cuando a emisarios de la Corte  que le solicitaban consejo sobre cómo resolver  los problemas que se iban acumulando en su ausencia.

D.Fadrique Enríquez (conde de Trastámara y Duque de Arjona) toma partido por los Infantes de Aragón en la lucha que éstos mantienen contra Juan II y el Condestable.

1428. Meses después el Rey y los mismos que le desterraron, le piden o mejor le ruegan hasta en tres ocasiones, que regrese. Pero él  está cansado de los vaivenes de la Corte y piensa seriamente en alejarse de tanta insidia, si bien su amistad con el Rey le impide dejarle solo en estos difíciles momentos. Sabe que el Rey es de carácter débil. Así lo hace y toma algunas medidas drásticas para salvar el reino (los nobles creían que D. Álvaro retornaría dócil del destierro, pero se equivocaron). Había que vaciar la corte de tantos altos cargos, prelados y otros vividores que sólo gestaban mal ambiente y gastos desmesurados. Estas decisiones,  políticamente incorrectas como diríamos hoy, empezaron  nuevamente a crearle enemigos. Y así  D. Enrique siguió como instigador y a la expectativa para caer sobre D. Álvaro Ya se sabe aquello de: ni contigo ni sin ti………tienen mis males remedio…..

Sin embargo, en todo el reino se había creado  un gran estado de júbilo con la vuelta de D. Álvaro.

Los Reyes de Navarra y Aragón con más de 3000 hombres se adentran en tierras de Castilla. Llegado esto a los oídos de Juan II no sabe cómo reaccionar, pero D. Álvaro  logra reunir en escaso tiempo unos 2000 hombres y sale al encuentro para enfrentarse en batalla esperando que en el trayecto se le uniesen más hombres. Finalmente, cuando ya están frente a frente en Cogolludo, la intervención de la Reina Doña María de Aragón  evita la contienda y el ejército navarroaragonés se retira a sus dominios, seguido muy de cerca por las huestes de D. Álvaro para evitar que hiciesen daño a ninguna población fronteriza castellana por la que pasasen.

1429: Las tropas navarroaragonesas seguían conspirando y realizando movimientos dudosos cerca de la frontera, lo que llegó a oídos de Juan II que preparó un importante ejército para salir al frente.

D. Álvaro, para hacerse respetar, penetra con estas fuerzas seis leguas más allá de la frontera  en algunas zonas de Aragón, causando importantes destrozos.

No está en la mente de D. Álvaro atacar los reinos de Navarra y Aragón, sino hacer una demostración de fuerza y valor para disuadir a éstos de hacer más incursiones en tierras que no les son suyas.

Al regreso, estando en Medinacelli, se entera D Álvaro que el Infante Enrique ha llegado hasta Extremadura y se encontraba en aquellas tierras haciendo daño y saqueando villas y aldeas en la comarca de Trujillo. Organiza D. Álvaro la defensa de la línea fronteriza de Castilla con Aragón dejando hombres en puntos estratégicos y se dirigen a Peñafiel. Piensa el Rey que no es interesante desplazarse hasta Extremadura y alejarse tanto de las fronteras de su reino, con el peligro que eso entraña, a pesar del deseo que tiene por enfrentarse al Infante, por lo que pidió ayuda a distintos nobles castellanos para que fuesen ellos quienes se desplazasen, pero todo fueron excusas,  no encontrando apoyo  y siendo  nuevamente su única tabla de salvación  la de su leal  servidor el Condestable D. Álvaro de Luna. Los apoyos que no había encontrado el Rey los encontró el propio D. Álvaro en numerosos nobles castellanos y hombres de armas.

Enrique de Aragón se mueve por Extremadura y D. Álvaro no duda en ir allí conquistando incluso Trujillo.

En ese mismo año se ocupan varias posesiones del rey de Navarra.

Durante estos años, el Infante Enrique y otros poderosos le habían hecho a D. Álvaro importantes ofertas para alejarlo del lado del Rey, pero ni siquiera eran escuchadas ya que su lealtad al Rey era inquebrantable. Se había criado a su lado y esos lazos eran para él un cordón umbilical imposible de romper por su parte.

D. Fadrique Enriquez, duque de Arjona, es hecho prisionero y encarcelado por haberse sublevado contra Castilla. Su vida licenciosa y plena de desmanes colabora en su sentencia de muerte  un año después. Cuenta de él un romance lo siguiente:

De vos el Duque de Arjona
Grandes querellas nos dan
De que forzáis las mujeres
Casadas y por casar
Que les beviades el vino
Y les comiades el pan
Que les tomays la cebada
Sin se la querer pagar………

1430: Juan II pide a D. Álvaro el regreso a la Corte para reorganizar de nuevo su ejército y marcharse a atacar al Rey de Aragón. Hecho esto salieron hacia tierras aragonesas. Hicieron una primera noche en Garray (cerca de Soria) y luego en Almajano, Estando en esta localidad recibió Juan II a unos emisarios con propuestas de paz  de los Reyes de Navarra y Aragón que enterados de las intenciones de Juan II quisieron evitar el enfrentamiento.

Llegan al acuerdo de firmar  una tregua por 5 años. Esta situación es del agrado de Juan II ,  pues ello estabilizaría las fronteras y le permitiría dedicarse a la guerra con los moros en el reino de Granada ,que era uno de sus anhelos.

Se firman las llamadas Treguas de Majano (realmente se firmaron en Almajano) el 16/6/1430 (algún historiador habla del 25)  por las que Castilla, Navarra y Aragón firman la paz significando un completo éxito toda la negociación llevada por D. Álvaro y favoreciendo a Castilla los acuerdos firmados. Se marca, como he dicho anteriormente, una duración de 5 años y se establece un órgano de control con 7 jueces por cada bando, estando los 3 reyes sometidos al dictamen de estos jueces. Los jueces castellanos quedaron establecidos  en Ágreda como lugar fronterizo.

Conseguida esta paz  D. Álvaro se dedica a visitar sus posesiones para informar en persona de la nueva situación creada y tranquilizar así a sus moradores, a la vez que captaba personal para la nueva empresa que se avecinaba: la guerra de Granada.

1430-1: D. Álvaro ya viudo se casa con Doña Juana  Pimentel

1431: D. Álvaro de Luna  se muestra deseoso de entrar en combate con el moro.

Se prepara el ataque a Granada que comienza con la famosa batalla de la Higueruela en la que se derrota al ejército musulmán y se engrandece la figura militar y como estratega de D. Álvaro de Luna.

Pudo seguido haberse conquistado Granada, y con ello haberse adelantado su conquista medio siglo, pero Juan II se vio obligado a atender algunos problemas internos surgidos entre los nobles y a regresar a Castilla donde la envidia y el rencor a la persona del Condestable iba en aumento, dados los favores que el propio rey le dispensaba, favores que nunca eran gratuitos sino ganados en buena lid en el campo de batalla en la mayoría de los casos.

Conspiraron algunos nobles contra D. Álvaro tramando incluso su muerte. El Rey hace prisioneros a algunos de ellos por este motivo, aunque después a requerimiento de D. Álvaro, son puestos en libertad.

1432: Nombra D. Álvaro a su hermanastro, Juan de Cerezuela, Arzobispo de Sevilla

1433: Las justas, los juegos, las corridas de toros, las monterías……………..se daban por doquier en estos años en los que la tregua firmada con Aragón y Navarra había llevado a Castilla a un remanso de paz.

1434: Consigue que su hermanastro sea nombrado arzobispo de Toledo al fallecer el anterior, D. Juan de Contreras.

1435: Nace Juan el hijo de D. Álvaro y Juana  Pimentel.

El fin de las Treguas de Majano (eran por 5 años) abrió nuevamente el enfrentamiento entre D. Álvaro y los infantes de Aragón, agravado todo ello por la puesta en prisión del adelantado Don  Pedro Manrique que después escaparía y formaría un bando rebelde. Se prorrogó un año más el acuerdo.

1438: Juan II concede varios privilegios a D. Álvaro

1439. Se firma el convenio de Castronuño, tratado humillante para la autoridad real que obliga a un nuevo destierro del Condestable (6 meses) retirándose éste a su villa de Sepúlveda el 29 de octubre de 1439, manteniéndose durante todo el tiempo ajeno a todo lo que ocurría en la Corte y desentendiéndose de lo que en los reinos de Navarra y Aragón se tramaba. Quiso aislarse completamente mientras pasaban los 6 meses de  su destierro.

1440: Crea el mayorazgo de Cornago y Jubera para su hija natural María de Luna a la que había casado con su primo Juan de Luna, hijo de Juan Hurtado de Mendoza.

El rey de Navarra, el Infante Enrique y un buen número de nobles castellanos conspiran con falsas calumnias y acusaciones infundadas contra D. Álvaro, intentando que quede alejado definitivamente de la Corte.

Los enemigos de D. Álvaro comienzan a atacar las posesiones de éste pero son derrotados por el Condestable en varios enfrentamientos. Cornago no fue una excepción. Se habían dado cuenta que no bastaba con adentrase en tierras castellanas, sino que era más doloroso para D. Álvaro que atacasen sus propias posesiones y Cornago estaba entre ellas no lejos de la frontera.

En este mismo año Enrique IV se casa con Blanca de Navarra.

1441: Varios nobles conjurados dictan la sentencia de Medina por la que entre otros puntos hay un tercer destierro de D. Álvaro, esta vez por 6 años. Juan de Navarra, conjuntamente con el Infante Enrique, controla todos los movimientos de Castilla nombrando y desnombrando altos cargos con personas de su absoluta confianza. Se incorporaron así a la Corte nuevos miembros afines a los vencedores, si bien al Condestable se le trató en esta ocasión con un tono de velado respeto. Mientras, D. Álvaro trabaja a la sombra.

El rey revocó por su cuenta en 1442 esta decisión aunque D. Álvaro siguió ajeno a los vaivenes de la Corte.

1444: El rey queda retenido en su propia corte por el rey de Navarra. El hijo de Juan II, el príncipe D. Enrique, que ya tenía 19 años  solicita ayuda a D. Álvaro y ambos contactan con otros nobles afines.

En las riberas del Arlanzón se enfrentan al rey de Navarra al que hacen huir hasta Palencia.

Por otra parte Juan II consigue huir de la custodia a la que le tenía sometido el conde de Castro,  uniéndose al ejército de su hijo y el Condestable, consiguiendo así que tanto el Rey de Navarra como el Infante Enrique abandonen Castilla.

1445: Batalla de Olmedo

A principios de este año nuevamente se producen incursiones en lugares fronterizos de Castilla por el rey de Navarra y el Infante Enrique llegando incluso a tomar Olmedo.

Enterado el Condestable  de estos ataques a la corona informa al Rey y deciden en unión del Príncipe y otros nobles castellanos salir hasta Olmedo, llegando a sus murallas.

Allí se produjeron infructuosas negociaciones sin llegar a ningún acuerdo, por lo que el enfrentamiento fue evidente con la victoria del rey y su valido el Condestable y la huída en plena noche  del rey de Navarra y el Infante Enrique a sus reinos.

El Condestable había resultado herido en un muslo aunque la peor parte se la llevó el Infante Enrique al recibir un tajo de espada en una mano, muriendo días después a causa de la “gangrena” que se le produjo. D. Álvaro, a pesar de la herida, había aguantado en la pelea hasta el final.

Al morir el Infante Enrique, el título de Maestre de Santiago había quedado vacante y Juan II decidió dar tal honor a D. Álvaro en agradecimiento a los servicios prestados durante toda su vida.

Se enviaron cartas a los 13 caballeros con potestad para elegir maestre, estando entre estos grandes santiaguistas D. Juan Díaz de Cornago, prior del Monasterio de Uclés, que fue uno de los que apoyó el nombramiento. D. Álvaro era ya el  nuevo Maestre de la Orden de Santiago.

Durante este año numerosas posesiones que había tenido en Castilla el Infante Enrique pasaron a manos de D. Álvaro.

Era ,en efecto, el Condestable  quien estorbaba a los confederados en aquellos precisos momentos. Su arrojo, capacidad de gobierno y fidelidad al Rey eran cualidades que no podían soportar.

En este mismo año, exactamente el 11 de septiembre, se concede un privilegio a Cornago por parte de Juan II de Castilla por ser lugar de frontera y por haber recibido robos, males y daños…por las tropas navarras….Indudablemente D. Álvaro de Luna tuvo mucho que ver en esta concesión de la que salía beneficiado su señorío.

Era un privilegio de exención de tributos (portazgo, peaje…….) en compensación a los servicios prestados y los daños sufridos por ser, como indicado anteriormente, lugar fronterizo y sobre todo por ser lugar perteneciente a D. Álvaro de Luna y por lo tanto enclave ideal para que sus enemigos lo atacaran.

Atacando cualquier población atacaban Castilla, pero atacando Cornago atacaban además un señorío propiedad de D. Álvaro. Es decir, le daban donde más le dolía y herían así su orgullo.

Cornago consiguió que este privilegio fuese confirmado por Enrique IV en 1457, los Reyes Católicos en 1483, la reina Juana en 1511 y el rey Felipe en 1563.

1446: Se desplaza con su Rey hasta Atienza  para expulsar a las fuerzas navarras que se han hecho fuertes en el lugar. Fue un episodio violento y duradero en el que resultó herido el Condestable que fue curado en pleno campo de batalla, incorporándose seguido a la lucha.

1447: Es un año importante en la vida de D. Álvaro pues sin él saberlo podemos decir que aquí se inicia su decadencia. Me explicaré:

Juan II (de 42 años)  había quedado viudo y al ver que su hijo Enrique IV no podía darle descendencia encargó a D. Álvaro encontrarle esposa y el Condestable  consideró casarlo con Dña.  Isabel de Portugal  (19 años) .

Esta boda tenía además un trasfondo político pues así Castilla se aseguraba el apoyo de Portugal frente a las insidias de los reinos de Navarra y Aragón, constituyendo   un golpe de mano muy eficaz.

Sin embargo, desde su llegada a la corte Isabel de Portugal siente una enorme animadversión hacia D. Álvaro, producto fundamentalmente de los lazos sentimentales tan fuertes que unían a éste con el Rey, iniciándose aquí una influencia negativa en la persona del Rey hacia el Condestable..

Como dato interesante reflejar que tuvieron dos hijos, la que fue reina de España Isabel la Católica (1451) y Alfonso (1453).

1448: Vuelven los nobles, con la ayuda de Aragón y Navarra, a conspirar contra D. Álvaro. La Reina se une a esta conspiración pero  al final  se da cuenta que quizás  en estos momentos es lo peor que podría hacer ya que  su desaparición podría llevar a que los reinos de Navarra y Aragón se apoderasen de Castilla al estar estos reinos incluidos en el grupo de conspiradores.

D. Álvaro por su parte celebraba fiestas y agasajaba en todo lo que podía a la joven pareja pues su edad, ya próxima a los 60 años, le hacía pensar en mantenerse  alejado de los problemas de la Corte.

En este mismo año se tienen noticias de que la ciudad de Cuenca está siendo sitiada por un hijo del rey de Navarra con un importante ejército. Conocida la situación D. Álvaro monta su ejército y se dirige a Cuenca inmediatamente para impedir su toma. Basta decir que antes de llegar a Cuenca sus enemigos levantaron el campamento y se adentraron en tierras del reino de Aragón para evitar el enfrentamiento.

1451: A finales de este año un nuevo levantamiento contra la autoridad real se produce en Palenzuela y allí van el Rey y D. Álvaro con sus ejércitos sitiando la villa,  y después de bastante tiempo de acoso y asedio,  a finales de enero del año1452, se consigue su rendición.

1452-3 El Condestable pasa la mayor parte del tiempo en su castillo de Portillo cerca de Valladolid. La calma parece instaurada en Castilla.

Sin embargo se descubre que Alfonso Pérez Vivero, antiguo servidor del Condestable y ahora al servicio de la Reina, ha tramado un complot a fin de eliminar al Condestable. Descubierto y desenmascarado por documentos de su puño y letra su vida se pierde en circunstancias no muy claras, lo que perjudica la imagen de D. Álvaro.

Pero era mucho el odio y la envidia acumulados en muchos nobles así como su ansia desmedida de poder.

El Rey se veía ya influenciado por la joven Reina que nunca había tenido en estima a D. Álvaro temerosa ella misma del poder que el Condestable tenía.

La tregua que se vivía en Castilla ayudaba a que se alimentasen todas estas conjeturas e intrigas al no ser ya vital la presencia del Condestable en el campo de batalla.

D. Álvaro percibía esta situación y se encontró en numerosos momentos con algunas emboscadas o situaciones en las que su vida pudo correr peligro (se buscaba a cualquier precio su caída ), pero supo salir airoso de ello. La joven Reina ya empieza a conspirar de  forma clara contra D. Álvaro.

El Conde de Plasencia recibe una misiva de la propia Reina en la que le insta a detener a D. Álvaro de Luna a cualquier precio.  Su hijo (Álvaro de Estúñiga)se mueve para reclutar gente y llevar  a cabo la orden.  Posteriormente el rey se enteró pero no supo anular la orden para no enfrentarse así a su esposa…aunque tiempo después sabemos que  el Rey mismo firmó la orden entregándola personalmente a D. Álvaro de Estúñiga.

D. Álvaro intuía estos movimientos y pudo haberse retirado de los vaivenes de  la Corte pero no quiso.

Al rey fue, poco a poco,  convenciéndole su esposa de que el Condestable podría atentar contra él para apoderarse del Reino.

Finalmente el 4 de abril de 1453 las tropas cercan la posada  en la que D. Álvaro se encontraba. Se producen conversaciones y el Condestable  consigue que le traigan  del Rey  documento firmado en el que se indica  que si se entrega, su vida, bienes  y posesiones, así como los miembros de su familia y familiares más allegados, serían respetados. Conseguido aquello se entregó, plenamente confiado en la palabra real.

Intentó por todos los medios que sus captores lo llevasen a presencia del Rey (bien sabía que si no lo conseguía su suerte estaba echada) pero éste, temeroso de no saber qué hacer o qué decir, no quiso, dejando así a D. Álvaro en manos de sus más acérrimos enemigos que lo trasladaron  desde Burgos a Portillo, cerca de Valladolid.

Sabían estos nobles que los partidarios de D. Álvaro eran numerosos y entendían que sólo con su muerte conseguirían hacer efectiva el ansia  de poder que tenían. Caído D. Álvaro, serían dueños de todas las posesiones  (bien por derecho señorial o de maestrazgo mientras viviese) y fortuna que tenía. Se habían hecho correr entre el pueblo numerosos tropelías de D. Álvaro para evitar levantamientos..Tomaron la decisión, el grupo de nobles reunidos en Consejo, de condenarle a muerte. El Rey se sintió turbado ante aquella sublime decisión, aunque  finalmente firmó la sentencia dado su carácter voluble del que ya hemos hablado y el deseo de recuperar para sí ( y no para los nobles)  todas las posesiones del Condestable.

Su condena fue más bien un ajuste de cuentas y una venganza por parte de sus muchos y poderosos enemigos.

Se informó de la decisión a D. Álvaro y éste solicitó un religioso que le ayudase a preparar su alma.

El 4 de Mayo de 1453 había sido  detenido D. Álvaro acusado de herejía y otros variados cargos  por Isabel de Portugal. El Condestable, como ya queda dicho, no hizo nada por impedirlo, a pesar de su poderosísimo ejército, confiando en la palabra del Rey de que su vida y sus bienes serían respetados. Quedaron estas palabras vacías de contenido.

El 2 de Junio, tras un rápido simulacro de juicio, fue  decapitado en la plaza Mayor de Valladolid a las 11 de la mañana, cuando contaba con 63 años.

Su ejecución pública sumió a Castilla en un caos de envidias y a su Rey en una profunda depresión que le llevó a la muerte un año después.

Así se relatan en un romance anónimo sus últimos momentos……

Tomad ejemplo en mi muerte
Que es muerte que causa ejemplo
Y a todos cuántos y cuántas
Daños y agravios me hicieron
Los perdono, y me perdonen
Si les ofendí algún tiempo

En esto llegó el verdugo
Con el debido respeto
Tapó sus pálidos ojos
Con un leve cendal negro
Un fraile le quitó el Cristo
Don Alvaro bajó el cuello
Con voz alta dice a Dios:
EN TUS MANOS ME ENCOMIENDO

Fue enterrado en una fosa a las afueras de Valladolid, si bien después sus restos fueron trasladados al convento de San Francisco. Ya pasados los años,  su hija María de Luna a la que había donado el Señorío de Cornago, se ocupó de trasladarlos  a la  suntuosa capilla de Santiago de la catedral de Toledo, donde  reposan actualmente en compañía de su esposa Juana Pimentel y otros miembros de su familia.

Sus verdugos no corrieron mejor suerte. La Reina Isabel enloqueció muy pronto y el Rey , como ya ha quedado indicado anteriormente, murió un año después  en 1454.

La leyenda de la muerte del Monarca recogida y repetida en varios escritos a través de los tiempos se impregna del halo de ficción del que hablaba al principio, pero no por ello dejaré de relatarla tal como lo hace José Serrano Belinchón en “El Condestable”. Dice así:

Aún se conserva en los viejos anales de Castilla, cubierta de polvo y casi borrada por los siglos , una leyenda según la cual el rey Juan II se encontraba en Segovia la mañana del 2 de Junio de 1453. Había ido a esconderse en aquella ciudad para no estar en Valladolid mientras se cumplía la sentencia firmada por él que acabaría con la vida de D. Álvaro de Luna, su protector, su amigo, el más leal de sus hombres desde mucho antes que le llegase, cuando niño, el uso de razón.

Cuentan que a primeras horas de aquel día se desencadenó sobre la ciudad una tormenta aparatosa y que un rayo fue a dar sobre la torre más alta del Alcázar. El Rey contemplaba encogido de temor los sucesivos latigazos de luz de los relámpagos y se estremecía con el retumbar de los truenos sobre la ciudad, mirando ahora al cielo, ahora a la hondonada que quedaba al pie del castillo, el horrible espectáculo de la tempestad.

Durante años y siglos fue verdad de fe para los castellanos viejos que tuvieron noticia de aquel conmovedor suceso, que entre el fortísimo resplandor que el Rey pudo ver desde la ventana de su cámara en el relámpago que hirió la torre, vio con todo el realismo de la verdad vivida, la escena que en ese mismo instante estaba teniendo lugar en la Plaza Mayor de Valladolid; justo el momento en el que el verdugo segaba de un tajo la cabeza de D. Álvaro de Luna. Le habló al Rey-aseguran- aquella cabeza latente desprendida de su cuerpo; y lo hizo para emplazar a Juan II ante el tribunal de Dios un año más tarde. Luego el trueno le hizo tambalear y herido de espanto cayó al suelo el cuerpo del Monarca.

Desde aquél mismo día el Rey enfermó de tristeza, hostigado por el recuerdo continuo de su injusta acción con el más leal de sus servidores………….. muriendo, como queda indicado un año después.

 

Los bienes de D. Álvaro serían objeto de rapiña y Cornago no fue una excepción. Se inicia aquí una época dura para sus  habitantes, si bien esto y las relaciones que D. Álvaro mantuvo con Cornago y con algunos personajes importantes como D. Juan Díaz de Cornago , prior del Monasterio de Uclés ya  nombrado anteriormente, quedan para otro artículo.

En 1658 el Consejo de Castilla declaró a D. Álvaro de Luna INOCENTE de los muchos crímenes, excesos, delitos, maleficios, tiranías y cohechos por los que había sido juzgado restituyendo así su buen nombre  . Cobraban vida y razón sus póstumas palabras cuando decía refiriéndose a las acusaciones que le llevaban al cadalso :

Y cuanto más perseguida

La verdad más resplandece.

 

Pedro José Divasón Vaquero

P.D. Entre la variada documentación utilizada para la comprobación de datos y fechas y para establecer un hilo conductor  me permito aconsejar la lectura de la obra EL CONDESTABLE de José Serrano, donde encontraréis un paisaje literario de agradable lectura  y relatos minuciosos  llenos de vida, como la batalla de la Higueruela en la que sobresale el espíritu guerrero  y estratega de D. Álvaro.


5/Nov/2008

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