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Miércoles, 26 de Julio de 2017
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Postal de Navidad.

¡Un christmas en toda la crisma!


       Había  nevado  en  Cornago.  Los  copos, más blancos que la ropa lavada con el famoso detergente,  cuajaron  cual  alfombra  algodonosa en las empinadas calles de la Villa. Debajo del  “Arco  de  la  Piedad” había nacido un niño que, como todos los chiquirritines, era divino, pero  además  con  mayúscula,  o  sea: DIVINO. Había sido alumbrado por una virgen, de las que  aún quedaban por esos lares. Su santo y casto esposo (carpintero de profesión), vecino de  la  calle  San  José  de  Calasanz,  le  preparó  la  cuna. Pero como “en casa del herrero, cuchillo  de  palo”, la cuna fue fabricada en el frío y duro pesebre de aquella estancia, aunque a  partir  de  esa  fecha  ya  no   volvería   a  pasar  aquello y al igual que en “Lo que el viento se  llevó”,  jamás se volvería a pasar hambre, pues por decreto, cierto gobernante ordenó que todos  los  neonatos  vinieran  al  mundo  con  un pan debajo del brazo y con una asignación económica  para  mayor  boato  del  natalicio.

       Como  hacía  un  frío que pelaba, los quintos del pueblo hicieron una gran hoguera en La Plaza   el  día  31,  para  ver  si con el calor que de ella emanaba, les atemperaba un poco el cuerpo  y  el  espíritu  a  los  que  festejaban el feliz acontecimiento.

       La  “virgen”,  tras  los dolores del parto, no estaba para muchos trotes, sin embargo, los vecinos  del  barrio comenzaron a decirle: “María, María, ven acá corriendo que el chocolatillo se lo están comiendo; ven acá volando que el chocolatillo se lo están llevando…” Por si esto era  poco  o  no tenían bastante, pues…¡toma arroz, Catalina!, ¡en vez de taza, taza y media! y…  en  el portalillo en el que había nacido el chiquillo, comenzaron a entrar los roedores y al bueno  de  las  barbas  y  de  la  vara  florida  comenzaron  a  roerle  los  calzones.

       Resulta  que,  en  la otra punta del pueblo, andaban los vecinos un poco “picados” por el reciente nacimiento y, encontrándose un poco mermados de protagonismo, decidieron poner a   su   calle   el   nombre   de  “El  Cristo” ,  para  compensar  el  lucimiento  del  brillante alumbramiento.

       Por los montes de este peculiar belén, allá por “El Cerrillo”, más en concreto por la zona más  sOMBRÍA,   venía  una  vieja  con el aguinaldo y empezaron a florecer en pleno mes de diciembre  los  pampanitos  verdes y las hojas de limón. Los ángeles, disfrazados de farolas, luces  e  iluminación  festiva,  comenzaron  a parpadear insistentemente, idea que más tarde plagiarían los grandes almacenes. Todos cantaban alegres villancicos (los de todos los años) que  aprendieron  por  la  radio  y  por  la  tele, algunos hace más de 35 años y que sirven de relleno  en  esas  galas  interminables  que  se  hacen  para  los  más  pobres.  En  el  belén cornagués  habían  cerrado la fonda o posada y también las panaderías, pero volvieron a abrir otras  para  estas  fechas.  En  la  cima  del  pueblo,  dentro  del castillo, un tal Herodes, ser lunático, andaba  en  su  luna que trinaba…Toda su guardia, un poco tocada por los efluvios del  zurracapote,  se  había  abandonado  al canto y a la bebida, entonando en los brazos de Baco:  “la  Noche  Buena  se  viene,  tururú,  la Noche Buena se va…y nosotros nos iremos, tururú…y no volveremos más”.

       Los  peces  (ahora  igual  que  siempre,  pero  más  en aquella ocasión) bebían en el río Linares,  bebían,  bebían  y  volvían  a  beber. Todos quedamos maravillados contemplando la estampa y nos decíamos unos a otros:  “pero  mira como beben los peces en el río Linares”. Los  pastores  venían desde Aradón por el camino de La Niestra con sus ovejas, sus cabras, los  perros,  los  cántaros  de  leche  y ricos calostros para el infante. ¡Ah! y también la burra cargada  de  chocolate,  casi  1500 años antes de que éste se trajera importado de América. Mientras  tanto, yo me remendaba, yo me remendé, yo me eché un remiendo, yo me lo quité y  mi  tambor  comenzó  a  echar  chispas,  al  tocarlo con alegría por la calle El Cantón: ¡ro-po-po-pón, ro-po-po-pón! La gente se asomaba a los balcones y ventanas. Las campanas de la  torre no dejaban de repicar,  todo era "campana sobre campana" y con ese frío, yo frotaba mis  manos  tratando  de entrar en calor, pues para frío el de ese año, precisamente el 25 de diciembre,   fun,   fun,   fun.  Todo  el  mundo  estuvo  en  vela esa noche y para hacerla más amena   y   llevadera  se hicieron con un buen puñado de sudokus,   acertijos y trabalenguas como el "salmirandillo arandandillo, salmirandillo  arandandá,  cabo  de  guardia alerta está".

• Posdata o post scríptum (por  si  alguno  ha  estudiado  latinajos  y  entiende  de  lejos  la gramática   parda):   Cualquier  parecido  con  la realidad es pura coincidencia y el deseo del autor  no  ha  sido el de molestar a nadie. En otros lugares y por motivos bien distintos (o no tanto),  bien  lo sabéis vosotros, hacer una caricatura, una viñeta o contar un chiste (que nos puede  gustar  o no) puede acarrear algún disgustillo…A los que les haya podido molestar mi relato  o postal de navidad (si es que hay algun@), sé que algún día me podréis perdonar, ya que en una ocasión, un niño que también nació en un pesebre fue capaz de perdonar hasta a quienes le crucificaron.

¡FELICIDADES CORNAGUESES!


19/Dic/2007

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