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Martes, 22 de Agosto de 2017
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Crónicas de un pueblo (III)

Érase una vez un mercado medieval


En un lugar de La Rioja…………….. cuyo nombre todos los lectores conocen, se celebró en el año dos mil y pico un mercado medieval. El lugar era inigualable y difícilmente mejorable dadas las propias características del pueblo en el que se desarrolló.

Todo empezó con una profusión de carteles  publicitarios que había visto en algunos pueblos cercanos y también en localidades importantes próximas, así que decidí visitarlo y el día previsto tomé rumbo a esa tierra, escondida pero entrañable, que cobijaba el citado mercado.

Lo primero que me sorprendió al llegar fue un hermoso panel que a la entrada del pueblo, próximo al Centro Rural de Higiene, explicaba la ubicación del mercado y el sentido que éste tenía para la localidad. Al pie del citado panel había unos callejeros de la localidad con puestos existentes y su recorrido  para facilitar al visitante no sólo poder contemplar los puestos medievales, sino hacer a la vez un recorrido urbano por el pueblo.

Todo empezaba en la  “Plaza del Bagar”……..Allí había dos puestos con productos locales……… desde patatas, hasta alubias, garbanzos, ajos…en pequeños y originales saquitos……todo lo que los propios vecinos cultivan habitualmente. Me pareció estupendo y una idea genial pues ello iba a repercutir en la vida y beneficio del pueblo. Que los lugareños pudiesen producir durante el año productos para venta directa era algo que me agradó sobremanera pues es una de las formas de subsistencia y ayuda a fijar población además de dar a conocer la localidad.

Todos los productos además del citado, llamativo y  coqueto envase, llevaban una etiqueta colgando con un logotipo de la localidad  y la inscripción: “PRODUCTO DE CORNAGO”.

Me explica un vecino que este logotipo era un sello de caucho que ya a finales de los años 70 se había hecho con este fin, y que había sido afortunadamente encontrado en una caja en dependencias municipales. Además al conocer estos productos, varias personas, durante el año, se acercan a la localidad para adquirirlos nuevamente, me dice.

Desde allí, el callejero nos invitaba a seguir por la calle “Bagar” hasta la ermita de la Piedad a fin de visitarla y encontrarnos  con un nuevo puesto en el que se ofrecía al viandante un pincho de champiñón local  y un jarrito de vino. Visitamos la coqueta ermita, llena de significado para los vecinos, tomamos el champiñón y el vino, como hacían todos los que por allí pasaban (pues al no haber aglomeración permite pararse con cierta tranquilidad y disfrutar del entorno) y seguimos hacia la plaza principal en el callejero referenciada como Plaza Dn. Carlos Pinilla . El ambiente aquí era realmente festivo y retrotraído a épocas sólo conocidas en libros de historia.

En esta plaza, y en el local de lo que fueron antiguas escuelas, podían contemplarse multitud de útiles de labranza, siembra, siega, trilla ,cocina…(Bayartes, hoces, arados, trillos, azadas, puntas de cavar, horcas, numerosas fotografías locales antiguas…………)que habían donado los vecinos para un museo local. Como agradecimiento cada pieza llevaba una pequeña etiqueta metálica en la que estaba grabado el nombre del donante y en algunos casos una pequeña historia, lo que había ayudado a que muchas personas se desprendiesen orgullosas de sus objetos.

Era posible contemplar a través de todas estas piezas lo que había sido la vida de la localidad durante  siglos en años de duro trabajo y de lucha por la supervivencia.

En la parte superior de este local había una exposición fotográfica donde se veían de forma individual todas las casas de Cornago una a una en 1980 y al lado una fotografía del año en curso de la misma casa permitiendo con ello contemplar la evolución del pueblo en estos cerca de 30 años. Me sorprendió que alguien hubiese fotografiado todas las casas en 1980 pero me dijeron que sí, que eso se hizo en esos años y que había sido fácil localizar las fotografías  lo que permitía ahora realizar esta exposición. Con las fotografías , un buen escáner-impresora y un mucho de paciencia habían conseguido un trabajo realmente hermoso y perdurable.

Igualmente copias de numerosos documentos medievales de la localidad colgaban de las paredes.

El Ayuntamiento, en la misma plaza, que estaba engalanado para la ocasión, presentaba un hermoso estandarte con un escudo que  había sido registrado por la Corporación  como escudo de la localidad y basado en datos de archivo. Hace unos años ya había visto un primer esbozo de este escudo que me mostró un lugareño residente en Logroño.

Había titiriteros y varias atracciones más en la plaza lo que le daba un marcado aire medievo. Música de la época envolvía el ambiente. Puestos de cerámica popular, decorativa, guarnicionería, cestería, vidrio decorado, bolillos, confección de telar……..Por la tarde se anunciaban actuaciones de grupos de teatro, falsas y juglarías medievales, títeres, magos………

Ya  durante el recorrido que había hecho hasta aquí  había visto diversos pendones, estandartes, banderas…….. colgando de ventanas y balcones y  que habían sido realizadas por los mismos vecinos para la ocasión y sólo unos pocos  habían sido alquilados en empresas que se dedican a ello.

Todos los lugareños se habían volcado, pues a la petición de colaboración habían respondido con tesón los hijos del pueblo residentes fuera, aportando todos y cada uno de ellos el granito de arena que había llevado a este logro.

De allí , siempre siguiendo el callejero, subí por la calle Santa Catalina y visité la ermita del mismo nombre recientemente restaurada. Resulta un lugar acogedor y entrañable para los vecinos de la localidad. Hace escasos años fue restaurada y dejó su huella en ella el excelente trabajo de Carlos Corres en la decoración.

Un panel explicativo en la fachada da detalles de la historia de esta ermita por lo que obviaré su reproducción no sin aconsejar su visita y sentir el recogimiento que sus paredes transmiten  en su interior.

Al salir  ascendemos poco a poco, pues el camino no permite grandes esfuerzos, hasta la plaza de San Blas…….., centro del Barrio del Cerillo que era al parecer un antiguo barrio judío.

Allí visitamos la ermita ( con su panel explicativo en la fachada) y nos detallan las celebraciones que por San Blas realiza el pueblo en este barrio. Los actos que allí se desarrollan, la subasta de roscos, los cordones del santo que tanto caracterizan a todos los cornagueses,…….. La ermita, al parecer antigua sinagoga judía, agradece igualmente la impagable labor de Carlos Corres en su restauración.

En el mismo lugar encontramos la Casa de los Baroja, edificio del siglo XVI que fue habitado por la familia de los Luna y después por los Baroja y que recientemente fue adquirido por un particular para su rehabilitación.; la Casa de la Rosquilla, la bodega del Diablo, siempre abierta para cualquier transeúnte…………

En la plaza que queda entre estos edificios nos encontramos con varios puestos de la localidad en los que se venden todo tipo de jamones, cordero y cabrito local,  embutidos  , pastelería y bollería local………Todos los productos llevaban la etiqueta con el logotipo de Cornago anteriormente mencionado .Compramos una buena bolsa de todo y desde allí nos dejamos guiar hasta los pies del castillo alrededor del cual vemos una gran proliferación de puestos no sin antes visitar el albergue “CONDESTABLE” que se asienta a los pies de la fortaleza .

Todo el castillo estaba perfectamente adornado. Varios “estandartes” y “pendones”  de época colgaban de  los huecos de sus ventanas , y 2 banderas ondeaban en sus murallas , una sobre la puerta ojival de entrada y otra próxima a la torre cuadrada en la que me dice un vecino que en la misma estructura había ya un  hueco hecho para insertar la bandera que en tiempos remotos ondeaba.

Visitamos todos y cada uno de los puestos y actividades que alrededor de este castillo singular se desarrollaban y quedamos encantados de la situación y del ambiente que se vivía. Un mercado medieval lleno de ambientación y colorido y en el que alguno ya comentaba la posibilidad de construir un escenario donde la historia representada sea el pasado medieval de la localidad con los propios lugareños como actores.

Además, al parecer, el itinerario de acceso al castillo se variaría cada año a fin de que todas las calles  del pueblo disfrutasen de este ambiente.

Habíamos visitado y recorrido el lugar de forma tranquila, compartiendo charlas con los vecinos, conociendo algo de la historia local y disfrutando de  momentos inolvidables.

Los puestos y la ornamentación que rodeaban al castillo eran espectaculares y estaba cuidado hasta el más mínimo detalle. Desde la altura en que nos encontrábamos dominábamos la localidad y nos imaginábamos a los señores de la villa controlando desde su atalaya la actividad diaria local.

Los restos de un convento aparecían a lo lejos y nos explican que era el Convento de San Francisco de Nuestra Señora de Gracia de Campolapuente, abandonado ya en el siglo XIX. También restos de varias ermitas quedan en nuestra retina.

Y casi sin darnos cuenta nos dieron las 2 y de pronto descubrimos algo enormemente llamativo. En unas de las eras que se expanden a los pies del castillo, había enormes hogueras que  llevaban al parecer ardiendo numerosas horas consumiendo buenos troncos de leña probablemente de olivo local y alrededor de las cuales se estaba preparando un suculento asado. Esto no lo esperaba………

Se había organizado una comida medieval y media docena o quizás más de corderos y cabritos  estaban alrededor del fuego,  cada uno de ellos en una especie de cruz clavada en la tierra alrededor del fuego, de forma que les llegase el calor y que se fuesen haciendo muy poco al poco. Era un espectáculo muy digno de ver y me acerqué a curiosear…….pues el solo olor que desde allí llegaba invitaba a ello.

Resulta difícil explicar las sensaciones de olores que allí se percibían y los jugos gástricos estomacales empezaban a agitarse así que después de remojar nuestra garganta con un buen vino decidimos seguir la visita y  llegamos hasta el pórtico del templo parroquial, iglesia  dedicada a San Pedro y con un hermoso retablo mayor en su interior de estilo barroco con columnas salomónicas .En este templo sobresale una capilla anexa  dedicada a la Virgen de la Soledad, patrona de Cornago y centro de culto y devoción .

Al salir de este recinto sagrado nos dimos cuenta   que en la explanada que está junto a la puerta de la iglesia se estaban habilitando unas mesas( ambientadas de época con un amplio manto color burdeos) para unos 80 comensales o quizás más. Desde allí el dominio del pueblo es total. Sólo se iba a servir por un módico precio, cordero y cabrito local, con ensalada, setas , champiñones  y otros productos de la tierra…….todo al estilo de la época, es decir sin cubiertos o algunos muy rudimentarios , y sólo acompañado por unos jarros de barro en los que se servía agua o vino, según las necesidades de cada uno.

Quisimos reservar para comer en aquel ambiente tan paradisíaco pero sólo se permitía comer vestido de  época (o sea con ropa medieval), y nuestros vaqueros rotos de quicksilver y zapatillas de Nike estaban muy lejos de aquel ambiente. Pero todo estaba perfectamente programado y  nos informaron que podía alquilarse un traje en un puesto próximo y así lo hicimos.

He de decir que muchísima gente del pueblo se había vestido para la ocasión por lo que cuando nos pusimos aquel vestido alquilado nos sentimos plenamente a gusto, ya que casi desentonábamos con nuestra ropa en aquel ambiente

Comimos y volvimos a comer, tan a gusto, como creo que jamás lo habíamos hecho probablemente desde niños. Las manos eran nuestro mejor cubierto y las hojas de ensalada (las lechugas enteras  habían sido mantenidas en unas tinajas probablemente con aceite, vinagre, sal y quién sabe si algunas hierbas) no nos permitían reclamar el tenedor.

Habíamos pasado una mañana inolvidable y aunque por la tarde se habían programado varias actividades más, como he reflejado anteriormente, nuestras obligaciones nos estaban reclamando y debíamos  retornar a nuestro lugar de origen no sin antes echar un nuevo vistazo al callejero y observar que antes de irnos nos invitaba a visitar las huellas de dinosaurio del Yacimiento de Los Cayos donde nuestra visita cerró esta jornada imaginando a aquellos enormes animales entre los valles de la zona.

Y así, poco a poco, con mi mente fresca por los recuerdos de los vivido, voy dejando atrás esta localidad viendo el esfuerzo de esta gente para que el mercado medieval no sólo sirva para conocer el pueblo, sino para buscar algunos ingresos a través de todos los productos locales que se ofertan al visitante muchos de los cuales han sido laboriosamente cultivados durante el año en los regadíos contiguos.

Con estas imágenes vivas en mi memoria dejo atrás el Alto del Collado como si estuviese cerrando las páginas de un libro de cuentos, como si esta historia y este ambiente irrepetible fuese casi algo soñado, mientras el sol de la tarde brilla con fuerza y los trinos de los pájaros despiden nuestro paso.

 

Pedro José Divasón Vaquero


5/Mar/2007

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