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Miércoles, 24 de Mayo de 2017
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Carnaval, carnaval…carnaval, te quiero…

Lala-la, la-ra-la-la…en el mundo entero.


        Esta  rueda  de  la  vida  que no cesa de dar vueltas, de nuevo nos trae a las fiestas del CARNAVAL.  Palabra  de  etimología  incierta,  ya  que  hay  quien  dice  que deriva del latín “carnem levare”  (adiós  a  la  carne  o quitar la carne), por aquello de la cuaresma y de los sacrificios de  privación carnal;  otros dicen que deriva de  palabras italianas como:   “carne y vale”  o  “carro   navale”. En la Edad Media se le llamaba “fasnachat” o  "fesenach" : fiesta de la locura. 

      La fiesta de la crítica al poder ejercido “injustamente”, de la sátira, de la ruptura del orden social  o  la  fiesta con mayúscula de LA LIBERTAD.

      Por  todo  lo  anterior,  en todas  las épocas han estado prohibiendo el carnaval, en unas ocasiones  aduciendo  unos  motivos  y  en  otras prevaleciendo otras razones más o menos morales…  Pero   cuánto  más  lo  han  prohibido,  con  más y  mayores  ganas  ha  seguido celebrándose.

        Dicen  que  el  origen  del  carnaval  es de origen pagano y buscan antecedentes en las Saturnales,   Bacanales  o  Lupercales   romanas;   en   las   fiesta  egipcias  de  Isis, en las Dionisiacas griegas…

     Otros dicen con rotundidad que es una fiesta de origen religioso, ya que sin cuaresma no habría carnaval.

      No me voy a entretener ahora yo en estas menudencias…Visto lo visto, lo importante es que por la razón que sea, seguimos teniendo para NUESTRO disfrute EL CARNAVAL.

En Cornago, merece destacar con nombre propio  las siguientes fechas:

- El Jueves Lardero: el 15 de febrero, que como reza el refrán que aprendí cuando era un chiquillo: “El Jueves Lardero, la mejor “tajá” al puchero”.
- El Domingo Piñata
- El Domingo de Carnaval.

  Como nota curiosa en nuestro modo de sentir estas fechas, siempre han estado presentes: LOS BOTEROS.  Ya  he  hablado  de  ellos  en alguna otra ocasión. Aquellos personajes de atuendo  colorido,  provistos  de  la  bota  o  pellejo  hinchado,  que  con la promesa de unos dulces,  almendras,  barquillos   o  caramelos,  ponían  a  la gente tibia de  cachiporrazos. Y precisamente mi historiador favorito, el cornagués  D. Juan Manuel Palacios  Sánchez, en su libro  “Historia  del  Vino de Rioja”, en uno de sus capítulos evoca a los famosos “boteros” de Cornago. Con ese nombre, por extensión  y  deformación  de  lo  que fueron sus orígenes, se conocen   también   a   esos  personajes  que  con  lustre o betún  te   embadurnan  la cara, cual  moro  Ammed,  o  a los que arrojan ceniza, paja, agua o cualquier otra delicada lindeza por el estilo… Hubo un tiempo en el que pronunciar la palabra “carnaval” estaba prohibido. Mi padre,  que  aún  anda  vivito  y coleando, me ha contado en innumerables ocasiones, que la única  multa  que  le  pusieron  en su vida fue por disfrazarse en carnavales y me cuenta con añoranza  y  cara  de  satisfacción:  lo  que  corrían,  calle  arriba,   calle abajo, para burlar la sanción o a quienes los sancionaban…

     En nuestra memoria y por estas fechas, en La Plaza no es extraño ver la representación, por  parte  de  las diferentes  “cuadrillas”,  de  situaciones  tan dispares y  variopintas  como: una boda, un entierro, un combate de boxeo o un bazar ceutí donde todo es “ baratu, baratu”.

       Los  que  nunca  faltan  en  estas fechas (porque son un poco más suyas que del resto), son los “carnavaleros”, esas personas  que las viven y las sienten de un modo especial y con mayor intensidad.

        Y  no  me  quiero olvidar de la retahíla de calificativos que se lanzan desde las ventanas por  mujeres  y  mozas  casaderas:  “sopipi, colita cordero, malagarradero, eslachau, pan sin sal, bragas húmedas, que paice que vas escocido, escagazau…”

       Como broche final,  el baile de disfraces, amenizado por alegres revolvederas y músicas caribeñas de contoneo y cinturilla, a medio paso entre la danza del vientre y una permanente por descarga eléctrica.

     Los hombres que se disfrazan de mujeres, seguro que para liberarse…O las mujeres que se  plantan  los  pantalones  para mandar o seguir mandando, o las embarazadas de trillizos con  22  meses  de  espera,  o  una  rimbombante  curia  avispada provista de mitra y báculo tratando  de  poner un  poco  de cordura entre  tantos excesos, que en estas fechas también a ellos alcanza, o las percalinas …

       Y como ya habréis leído en “EL PREGONERO”, los actos para este CARNAVAL 2007:

  • Día sábado 24 de febrero: Discoteca- Móvil, en sesiones de tarde y noche.
  • Día 25 de febrero (domingo): Seguramente a las 5 de la tarde (más o menos)
    charanga por el recorrido habitual, dirigida para todos aquellos que quieran pasárselo bien.

        Y  entre  el  correteo  y  risoteo,  la  felicidad  que nos proporciona esa adrenalina de la sorpresa y de la emoción continua.

        Suele  ocurrir  que  nos  cuesta   decidirnos  a  disfrazarnos  y   a veces hasta el hecho de participar en estos eventos… En  el  caso de que el carnaval no tenga en nuestros días el fuelle  o  la fuerza que debiera, relegado casi por entero al publico infantil, sugiero convencido que: ¡POR FAVOR, NOS PROHIBAN UNA VEZ  MÁS EL CARNAVAL!


 


21/Feb/2007

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