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Martes, 25 de Abril de 2017
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Crónicas de un pueblo

Dedicado a los quintos del 2006


            En un lugar de La Rioja……………cuyo nombre guardo en secreto, se celebraba en los días que rodean a la fecha de la Inmaculada………..la fiesta de los quintos. Esta fiesta culminaba en la noche del 31 de Diciembre  con una gran hoguera junto a la fuente, que ponía los pelos de punta a los vecinos con casas próximas cuando se encendía a las 12 de la noche.

            El lugar era un precioso pueblo medieval que desciende en ladera con los dos poderes de la época ( monacal y señorial) coronando la cima con el Castillo y la Iglesia como emblemas.

            Allí, entre la algarabía propia de la citada fiesta ocurrió la anécdota que paso a relatarles:

            Era Diciembre de mil novecientos setenta y tantos……………….: Los quintos habían dividido el pueblo en zonas ( tantas como días de fiesta)  para recorrer cada día una de ellas pidiendo de puerta en puerta.

            El día de “autos” tocaba en las proximidades de La Plaza …….y como cada día……..la música de “ Los Pochas” acompañaba la comparsa y daba alegría al recorrido. En cada casa se tocaba de forma intermitente  hasta que llegaba el donativo……………………….y si había moza  en el lugar se veía obligada a echar un baile en la entrada de la casa  al compás de la música y………. eso sí!....bajo la atenta mirada de la madre.

            El día era agradable y se llegó pidiendo a la casa de Dn…….……que vivía cerca de una fuente que dominaba La Plaza, haciendo golpear repetidamente la mano que a modo de picaporte tenía en la puerta. No hubo éxito…..y el silencio siguió al primer intento……………………..No habría nadie? No les habrían oído? Quizás la música no sonaba demasiado fuerte? Pues nada, todo eso tenía rápida solución………Un buen trago de la bota para todos los músicos y nuevo intento……………………..Resultado?…………..el mismo.

             Pero estos quintos no se rendían fácilmente y uno de ellos decidió hacerse cargo él mismo del bombo y mostrar a todos sus dotes. Los instrumentos le siguieron, lanzando con ímpetu sus notas al aire; los quintos y toda la algarabía de niños que les acompañaban corearon canciones y al final………albricias! …….la puerta se abrió………………Biennnnnnnnnnnnnnnnn pensaron todos………

            Pero una cara de pocos amigos apareció y con un cierto enfado mandó a todos con cajas destempladas a “ hacer puñetas” sin un solo donativo. Era la única persona que había tenido ese comportamiento en unos días de jolgorio y tradición.

            Como no era cuestión de entrar en problemas se decidió seguir el recorrido por el resto de la zona con enorme éxito pues absolutamente todo el mundo los recibía con los brazos abiertos ( y la puerta cerrada pues sabían que los quintos eran capaces de llevarse cualquier cosa si entraban en casa).

            Así transcurrió el día amenizado con una gran comida e innumerables cánticos…………hasta que llegó la noche y con ella la hora de las brujas y el momento lúgubre de las elucubraciones y trastadas.

            Dos de los quintos , después de alguna deliberación, se fueron raudos a la tienda de Gilda a comprar un rollo de liza……….Al salir del local  hicieron algunas comprobaciones……..y volvieron a por otro rollo más…………….Sí, con dos ya tenían bastante.

            Llegó la hora de la cena en la Michula y todo transcurrió con el ambiente festivo habitual. Eran las 11 de la noche y los lugareños se iban recogiendo en sus casas pues el tiempo así lo pedía……….pero los quintos y los músicos seguían al pie del cañón pasándosen la bota y entonando todo tipo de canciones entre las que no faltaban las rancheras que por entonces popularizaba con gran éxito el Dúo Gala.

            Y como a Sabina……….les dieron la 1 y las 2……………momento en el que algún quinto decidió recluirse en la bodega a recobrar fuerzas para el nuevo día. Sin embargo, dos de ellos decidieron que la fiesta no había terminado………….

            En la Plaza había unos soportales que llamaban del “Garraleta” y en ellos pegando a la casa del tio Federico se habían metido dos coches dejados al resguardo para no sufrir las heladas propias de la época. Eran como todos los coches de aquellos años con los “bajos” relativamente altos sobre el suelo como para permitir que una persona pudiese meterse sin ningún problema. Evidentemente hoy en día eso sería más difícil, pero entonces debido a que las carreteras y caminos tenían ciertas dificultades de tránsito, se fabricaban así.

            El plan había sido urdido y estos dos “pendones” ataron la liza al pesado  picaporte de la puerta del vecino escaso en dádivas, y la llevaron a ras del suelo hasta los coches. En medio de la plaza tuvieron que añadir el segundo rollo de liza, y ya con el extremo de la liza en sus manos se introdujeron debajo de uno de los coches.

            Era imposible ver la liza desde ninguna posición ya que ésta al ser fina y no estar tensada quedaba en el suelo y además la iluminación nocturna  lo dificultaba aún más.

            Comenzaba el plan.

            Uno de ellos tiró suavemente de la liza hasta que se tensó y la soltó de forma brusca…..y un sonido de ultratumba envolvió el ambiente. El silencio de la noche aumentó y propagó el enorme impacto que el pesado picaporte ejercía al golpear.

            Se animaron y decidieron que un golpe no es nada  y repitieron una, dos, tres………..hasta que alguien se asomó a una ventana que en un rincón, sobre la puerta dominada la calle y la plaza. Se vio cómo miraba hacia la puerta sin ver a nadie. Esperó con la luz encendida y al ver que no volvían a llamar decidió apagar la luz y posiblemente volver a la cama. Alguien había pasado por la calle y había hecho la “gracia” debió pensar.

             Los dos quintos seguían debajo del coche, tranquilos, relajados, sin prisas y dejando que pasaran los minutos…..diez………..quince……….quizás veinte….y volvieron a tensar la liza y a soltarla una , dos , tres, cuatro veces……El golpe volvía a ser espectacular. Casi parecía el sonido de una campana ronca, aumentado todo por el silencio de la noche.

            Rápidamente se iluminó de nuevo la estancia que había en un piso superior a la puerta. Dos personas miraron por la ventana pero nada ni a nadie vieron y ya empezaron a sospechar que alguien se la estaba “jugando”., así que apagaron la luz y se quedaron junto a la ventana…..Debieron  pensar que como su casa quedaba entre dos esquinas alguien pasaba de una a otra y golpeaba en su puerta, así que si se quedaban en la ventana con la luz apagada descubrirían al personaje en cuestión.

            Los dos quintos, desde su privilegiada posición y con el reflejo de la luz de las farolas veían perfectamente lo que ocurría en aquella ventana y decidieron aguantar estoicamente en aquella posición.

            Pasó el tiempo………quizás media hora……o quizás menos…………..y todo parecía haber vuelto a la calma…..los quintos seguían en su sitio, imperturbables………..ya que la verdad, alguna noche habían dormido menos y en peor postura así que aquello, dentro de lo malo, se podía sobrellevar. Los sufridos vecinos parece que habían vuelto a la cama.

            Y como no hay dos sin tres se decidió repetir la historia……y el resultado volvió a ser el mismo…….pero esta vez el dueño de la casa se situó en la ventana, luz apagada y un cubo lleno de agua. Parecía estar dispuesto a aguantar lo que fuera pero la persona que se aproximaba a su casa a golpear salvajemente el picaporte se iba a ir con un buen chaparrón de agua.

            Y Sabina volvió a repetir la canción…….y los quintos viendo perfectamente el desarrollo de la película aguantaron el tipo mientras se pasaban de uno a otro la bota de vino. Sólo era cuestión de aguante y de eso ellos tenían mucho.

             Y como era de esperar su paciencia les llevó al éxito y se vio al vecino en cuestión abandonar la estancia.

             Se dejó pasar un tiempo por si aquello era una estrategia…….y acto seguido se dejó que, de forma rápida, ocho o diez veces golpease con estruendo el picaporte en la puerta. Se paró y se esperó a ver el resultado…………..

             Escasos minutos después, se abrió la puerta de forma brusca ( el vecino en cuestión debió pensar que abriendo rápidamente la puerta y asomándose a las dos esquinas  podría posiblemente localizar al “gracioso”), pero cual fue su sorpresa que al salir se enredó con la liza…………..y tiró de ella ( los quintos ya la habían soltado pues el abrir la puerta de golpe les pilló de improviso).

            Se descubrió el pastel. Por fin se daba cuenta de lo que estaba pasando, pero la oscuridad de la noche no le permitía ver por dónde estaba tirada la liza que además ya había recogido en buena parte, y se asomó a las dos esquinas sin ver a nadie.. Esperó un escaso tiempo por si algún movimiento le daba alguna pista ………Se asomó junto a la barandilla de la fuente para otear la plaza pero allí no se veía absolutamente nada sospechoso así que terminó de recoger la liza y se metió en casa murmurando algo ininteligible desde la distancia.

             Cuentan las crónicas del lugar que los dos quintos  aguantaron una media hora más debajo del coche por si “las moscas” y después, cuando ya lo creyeron oportuno, de forma rauda, abandonaron el aposento. Eran casi  las 6 de la mañana. Habían pasado más de 4 horas………..

            Poco después el nuevo día empezó a hacer acto de presencia. A las 10, los músicos y los quintos se preparaban nuevamente para salir a pedir………….Esta vez tocaba por la zona de la carretera…..y así fue transcurriendo la mañana de casa en casa.

            Se llegó a casa del Médico que con sumo agrado soltó su buen dinero  en la gorra…………..y como enfrente vivía la Guardia Civil…………pues nada! ………….a pedirles a ellos.

             Ante la puerta la música empezó a sonar y los bailes desacompasados de los quintos a animar la situación. El primero que se asomó fue el Moro ( José) que con una sonrisa en la cara les invitó a pasar a una sala que había junto a la entrada. Allí, parapetados los quintos esperaron   que soltase algún billete en la gorra que les servía de hucha.

            Abrió un armario que allí había y extrajo……………. un manojo de liza enredada que depositó encima de la mesa con estas únicas palabras: “Aquí está el cuerpo del delito”. Palabras que resonaron a ultratumba.

            Caray…………..Habían sido pillados! pensaron………… y se preparaban para iniciar las excusas de rigor y los desmentidos cuando uno de los quintos, hoy pensionista y que vive en el pueblo se adelantó y dijo de forma inocente y textual:

 “Yo no estaba, eh? Que ya me había ido a la cama.”

El Moro rió……………Era una forma de declarar la culpabilidad, pero  preguntó:

Fueron Uds o lo niegan todo?

Y automáticamente  una respuesta unánime zanjó la cuestión.

Sí, lo negamos , dijeron rotundamente……….

Y así, con una sonora carcajada, se cerró el interrogatorio por lo que el sufrido vecino NUNCA supo por boca de la Guardia Civil quien o quienes habían sido, aunque evidentemente lo suponía

            Todos rieron………..El Moro era uno más del pueblo, querido como pocos guardias civiles lo habrán sido. Echaron un trago de vino de la bota; el Moro y los quintos comentaron de forma  jocosa algo al respecto ( que no ha trascendido y ha quedado  como secreto de sumario) y acto seguido abandonaron el lugar no sin antes hacer rascarse los bolsillos a todos y cada uno de los guardias que habitaban el edificio.

            Nadie se salvaba del acoso

            Y ésta fue la anécdota que en un lugar de La Rioja ocurrió en los años setenta y tantos contada sin acritud y hasta con cierto cariño.

            Ah…………y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia  y si no que se lo pregunten a los quintos de aquel año………..( si adivinan quiénes son).

 

Pedro José Divasón Vaquero

 


12/Dic/2006

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