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Miércoles, 24 de Mayo de 2017
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Formas y medios de ganarnos el pan

A continuación hago un pequeño recorrido por los oficios y profesiones existentes en nuestro pueblo...


“ Lo que con mucho trabajo se adquiere, más se ama ”.
Aristóteles
“ El trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento ”.
Víctor Pauchet
Lo que verdaderamente importa es cuánto amor ponemos en el trabajo que realizamos ”.
Teresa de Calcuta

A continuación hago un pequeño recorrido por los oficios y profesiones existentes en nuestro pueblo (algunos son un testigo referencial en el recuerdo), al objeto de poder establecer comparaciones, entender mejor la evolución y desarrollo de las personas, así como encajar las circunstancias sociales más o menos arraigadas en esta villa:

  • Agricultores: Cada vez son menos en número y tienen mayor edad. El desarrollo progresivo en el tiempo, los vehículos y la tecnología (tractores, cosechadoras, empacadoras, trilladoras…), hacen que hayan quedado en desuso: la horca, la azada, el rastrillo, la hoz, el burro, el serón, el arado, las alforjas… En este apartado quedan englobados todos trabajos relacionados con la labranza, la siembra, el riego, los largos turnos de espera durante la escasez de aguas en el verano, la recogida de los productos del campo, la siega, la trilla, acarrear la cosecha, sacar estiércol, derramarlo por las fincas…
  • Apicultores: Varias familias del pueblo poseen colmenas por distintos puntos de la demarcación. De modo complementario a sus quehaceres habituales, extraen la miel con el característico aroma y sabor de las plantas y flores de Cornago.
  • Pastores y duleros: Una de las tareas mayoritarias del pueblo, aparte de la agricultura fue la ganadería (caprina y lanar).

    ¿Os acordáis de la dula de Cornago?
    Hace unos años, normalmente en cada familia había una o varias cabras. Todas las mañanas, entre las 9 y las 10:00 horas, cada propietario llevaba la cabra a un corral (común para todos ellos) que había en el barrio de “El Cristo”. Había un pastor que guiaba al ganado durante el día, el cual recibía una cuota o remuneración de cada propietario, según el número de reses de las que fuera titular. A última hora de la tarde, al ponerse el sol, el pastor regresaba al corral con el rebaño y los dueños de los animales iban a buscarlos o el animalito iba solo hacia su corral. Había algunas cabras que se quedaban rezagadas o se extraviaban en el camino y luego el propietario tenía que ir a buscarla por el pueblo. De ir a recoger a las cabras, en muchas ocasiones se encargaban los niños y jóvenes y…¡cuántas regañinas recibieron algunos de ellos!
  • Explotaciones de champiñón: De reciente creación en Cornago. Empresa en la que se han vertido muchas ilusiones, mucho esfuerzo y mucho coraje de la juventud cornaguesa, contando también con fuertes inversiones de capital y algunas subvenciones que impulsaron la implantación y desarrollo de dicha actividad.
  • Explotaciones avícolas y porcinas: En los últimos 25 años se han asentado varias granjas en los términos de San Roque, Sorriba, San Martín y Viñuelas.
  • Amas de casa o profesionales cualificadas del hogar: Con los diferentes y abundantes cometidos de la administración y gobierno de la casa, de sus tareas, de su limpieza, del cuidado de sus hijos (protección, educación, alimentación, salud e higiene, entretenimiento..), así como procurar la atención a las necesidades de los que viven en el hogar.
  • Matachín: Los más jóvenes (los niños de menos de 7 años) seguramente no habrán conocido a la persona que se dedicaba al sacrificio del cerdo durante las fechas de “matanza”, que normalmente era en el invierno. En Cornago, en todas las épocas ha habido una o varias personas que se dedicaban a dicho menester. Cada familia le pagaba al “matachín” el precio convenido por sus servicios, que consistían en el sacrificio del animal, retirar el pelo (mediante socarrado y lavado), extracción de órganos internos del animal, colgado del animal al oreo durante un período de tiempo, descuartizar el cerdo, así como perfilar los jamones y los perniles. ¡Qué fiesta tan grande era “la matanza”!
  • Confecciones de ropa: Las mujeres de Cornago siempre han sido muy hábiles con la costura. Nuestras madres aprendieron en la escuela dicha asignatura (bordados, vainicas, punto de cruz…), enseñanzas que seguramente se vieron reforzadas por sus propias madres. También han sido maestras en el manejo de las agujas y el arte para tejer prendas de lana, aparte de hacer todo tipo de arreglos en las prendas propias y de la familia. En este apartado quiero hacer una mención a esa pequeña fábrica que durante varios años, con máquinas de coser y mano de obra del pueblo (femenina), realizaban pantalones y prendas de vestir que se exportaban a otras ciudades.
  • Los que hacían perchas: En las mismas instalaciones que se hacían los pantalones del apartado anterior, algunos años antes se repartían varillas de alambre y canutillos de plástico de colores, los cuales había que ajustar a las mismas. En el domicilio de varias familias del pueblo, provistos de paciencia y alicates, se hacían las perchas para la ropa. Cuantas más perchas se hacían, más dinero se cobraba.
  • Sastres y modistas: Algunas personas, de modo profesional tuvieron por vocación la costura. En fechas significativas (comuniones, bodas, fiestas y otros acontecimientos), nuestras modistas y sastres enhebraban la aguja y de unos trapitos sacaban trajes preciosos. En otras ocasiones, arreglaban el traje de una boda para una comunión, el pantalón de un hermano mayor para otro más pequeño…
  • Tareas curiosas: Llevar la cerda al macho. Recuerdo que alguna vez iba con mi madre a un corral que hay en el término de “La Guiruela”. Íbamos con la cochina, la cerda, la cuta, la lechona, la gorrina, para que la cubriese el macho y quedase preñada. Por el apareamiento había que pagar unos duros a la propietaria del semental. Y como en el cuento de “La Lechera”, poder tener cerditos, vender algunos, conseguir más jamones y poder hacer más chorizos.
  • Alpargatas y zapatos: Cuantas puntadas habrán dado nuestras manos para hacer docenas, cientos y miles de paquetes de zapatillas de esparto. Seguro que con ellas hemos calzado a media Europa (varias veces). Zapatos también se han cosido unas cuantas ruedas… Lo más divertido de la faena eran las tertulias, chistes y buen humor que se vivían (sin excepción) en cada calle de nuestro pueblo. Un maestro llegó a clavar una aguja en el marco de madera de la pizarra y decía: “Este es el monumento a la alpargata”, o se dedicaba a investigar en la palma de nuestras manos, cual inspector Gadchet, buscando la huella verdosa que delatara la hazaña. ¡Qué tiempos aquéllos!

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10/Oct/2005

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