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Martes, 12 de Diciembre de 2017
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El cornagués: tal como es.

Radiografía con zurracapote y humor…


       Una  buena  parte  de  lo que somos es precisamente lo que nos han enseñado o lo que hemos  querido  aprender de los que nos rodean: nuestros familiares, profesores, amigos y el entorno  más  inmediato.  Dicen  que  “lo  que  se aprende con mocos, tarde se olvida”. Ya lo decía  D. Paco:  “de  padres  gatos,  hijos  michinos”;  aunque hay excepciones como la que recoge el siguiente pareado:
Mi madre me predica y yo le digo:
predicar en desierto, sermón perdido.

       En  el  carácter  del  cornagués,  grabado  a fuego,  se observan dentro de la diversidad, algunas curiosas coincidencias:

        Se  dice  de los cornagueses que viven para trabajar, y no solamente trabajan para vivir. Como  trabajadores  no  tienen  precio:  sufridos, poco protestones y cumplidores. Prueba de ello  es  que  como  en  el  anuncio  de  las natillas, repiten, repiten y repiten, en los mismos trabajos,  lugares  y  para  los mismos amos, que los suelen ver con muy buenos ojos. Ya lo dice el refrán:  “Coge buena fama y échate a dormir, cógela mala y échate a morir”. Y es que donde mejor está uno es trabajando, porque mientras que cada cual hace su labor,  nadie se mete con nadie y no hay malos pensamientos; aparte de que cuando el diablo no  tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas.

        En  el  carácter  suelen  ser  de buen trato, influidos por la tozudez de nuestros vecinos maños,  la  bravura  de  nuestros  limítrofes  navarros y el carácter austero y ahorrativo de los sorianos.  Raro  es  que  al  encontrarse dos cornagueses no se saluden. Algunos dicen que “hola” se le dice hasta los perros. También es cierto que a veces se dice más con lo que uno se calla… Y  es  quien  de  este  mundo  quiera  gozar,  ha  de oír, ver y callar, que para eso tenemos  dos  orejas, dos ojos y una sola boca; por dicho motivo, no te creas nada de lo que no veas y de lo que veas, créete sólo la mitad. Al final, en el adiós, el cornagués es como las hormigas:  se muere una y van todas al entierro.

        Alguien  dijo:  “por el comer los conoceréis”,  y  al  cornagués  en  eso  se  le reconoce fácilmente.  Hay  quien  tiene  mucho talento a la hora de tragar, y cuanto más traga, se dice de él,  que  más talento tiene. El comer caliente y de cuchara, que no nos lo quiten. Y a falta de pan,  buenas son tortas, o chuletas (aunque sean de cuello vuelto). Hay quien dice que “la misa  y  el pimiento son dos cosas de poco alimento”, y si ellos lo dicen, a lo mejor razón no les falta,  o  igual  es  que  no  les aprovecha como debiera. Como por comida no va a ser (la generosidad y hospitalidad cornaguesa nos delata),  pues  donde  comen  dos puede hacerlo media docena.  Y  vuelvo  otra  vez  a  la  educación y a los buenos modales en la mesa:

- Que a usted le aproveche y que por el culo lo eche.
- Muchas gracias y…que las narices se le caigan de lacias.

       Los  más  valientes,  más  trabajadores,  los  que han tenido más coraje en la vida y los mejores,  suelen  ser  nuestros  mayores.   Por  este  motivo,  los que estamos subiendo las escaleras  de  la  vida,  tratamos  de  imitarlos;  si  bien  es  cierto, que como sus hazañas y batallitas  ocurrieron  hace muchísimos años, difícil es contrastarlas o rebatir lo valientes que dicen  que  fueron…

       Algo  tiene  también el cornagués de tirar la piedra y esconder la mano. Decir las cosas, pero  sin  decirlas; o no decirlas del todo; o insinuar que algo se sabe (para sacar de mentira verdad);   o   mantener   la   higiene  y  asepsia,   lavándonos  las  manos  en  los  diferentes asuntos,  como Pilatos. ¿Para qué vamos a poner la cara?, ¿y si nos la parten? A eso se le  ha llamado siempre: PRUDENCIA,  que es la madre de la ciencia.  Y  si preguntan que quién tiró la piedra,  pues contestamos que:  “el aldeano tiró, tiró la piedra, tiró, tiró la piedra y no la encontró”.

       Si  hay  algo  que  hacer,  no  nos  ponemos de acuerdo ni con la mujer (para que luego digan  que aquí no hay democracia). Todos tenemos algo que decir (a veces lo hacemos sólo en el bar).  A  perro  flaco,  todo son pulgas y la frase más escuchada (a toro pasado) es esa de:  “Eso ya lo decía yo”.  En  vez  de  ir  todos a una, como en Fuenteovejuna, metemos los goles por la escuadra de nuestra propia portería.  Como  se suele decir: “el uno por el otro, la casa sin barrer”.  Que  si  yo  lo  hago mejor, que si mi burro labra más que el tuyo, que si la abuela  fuma  en  pipa… En  definitiva:  “entre  ponte  bien  y  estate quieta, la tarde en hacer puñetas”.

       Y  la  mujer… ¡¡¡cornaguesa!!!, como la camuesa. Guapas por dentro,  o por fuera, o por ambos sitios (en la mayoría de los casos).  Decididas, emprendedoras, valerosas, que si hay que  coser, se cose y si hay que escardar cebollino,  se escarda, lo mismo que si tienen que salir a trabajar fuera de casa, tienen que echarle imaginación para sacar  adelante a la familia o tienen que enfrentarse a lo que fuese.

Cornaguesa salerosa,
valerosa cornaguesa,
vales más de lo que pesas
y eres la esencia de rosa.

¿Y los niños y los jóvenes cornagueses?  Actualmente  son una rara especie en peligro de extinción.  Un  pueblo  que nos lo están dejando bonito- bonito; que el castillo parece incluso que  está  más  joven,  pero  que las flores de este jardín (la juventud, divino tesoro), vamos a tener que importarla o inventarla,  aunque sea incrementando la edad de jubilación; por lo que se   recomienda:   no   ver   tanto   la  tele  (que atonta)  y  cumplir  la  máxima  de  “crecer y multiplicaros”.   Ahora   que   tenemos   hasta   parque,  aunque   un  poco  aparcado  y  mal aprovechado.  ¡Qué lastima!, a veces Dios suele dar pan a quien no tiene dientes.

       El  cornagués  suele  ser  espabilado por naturaleza (y si no lo es, la vida se encarga de hacerlo),  más  listo  que el hambre, que por las mañanas ve nacer a los ajos, que nació vivo, que las ve venir,  que  no se  la dan ni con queso…  ¡¡¡que  no  nos  quieran  dar ahora GATO por  liebre!!!

       Por eso, cuando me preguntan:  ¿Y  tú  de  dónde  eres? Respondo, con la cabeza bien alta: Yo, de Cornago.

¡¡¡FELICES FIESTAS QUE NOS LAS MERECEMOS!!!

 

 


29/Ago/2006

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