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Martes, 22 de Agosto de 2017
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“Llorad pues, ojos míos, llorad por vuestro Amado.”

Procesiones de Jueves Santo y Viernes Santo en Cornago.


          El origen de las procesiones de Semana Santa, parece que se remonta a los primeros siglos  en  Jerusalén.  En  España  tenemos noticias de ellas en los siglos IV y V de nuestra era,  momento en el que empiezan  a  implantarse también en nuestro país.

          En  Cornago,  mucho  tuvo  que ver con el arraigo y desarrollo de estas procesiones la Cofradía de la Vera Cruz, allá por el siglo XVI, añadiéndose poco a poco a estas procesiones nuevos  ritos  y  Pasos, para mayor solemnidad y vistosidad de las celebraciones.

          Me  permito  resaltar  la  figura,  el  esfuerzo  y  la  contribución  a  estos  actos  de la Mayordoma:  la  persona  que  desinteresadamente durante un año (a veces es más de uno), organiza  y  colabora  activamente  en  estos  días  para  que  todo  esté  dispuesto, incluido el  mínimo  detalle:  los  trabadores,  la  limpieza,  las  flores,  la  coordinación ...

          Al  enmudecer  las  campanas  la  tarde  de Jueves Santo, los fieles cornagueses son convocados  por  la  carraca  a  los  actos  religiosos.  A  última  hora  de  la tarde, los niños formados  de  a  dos  y  de la mano (de esto se encargó durante muchos años Doña Maruja), corren  calle  abajo  por  el  Arco  de  la Campanilla. Detrás de ellos comienzan a desfilar los pasos  de  la  procesión: el Pasohuerto (representación piadosa del momento de la aparición del  ángel  a Jesús en el Gesetmaní,  previo  a  su  prendimiento);  la  Flagelación  de  Cristo (conocido popularmente como el Paso de los Judíos); la Verónica, El Ecce Homo y la Virgen de  la  Soledad.  Delante  de  cada  Paso  camina  un  niño  vestido  de “angelito”, con túnica morada,  pañoleta,  portando  corona  de  espinas  y algunos elementos representativos de la Pasión  de Cristo:  los  clavos,  la columna,  la cruz,  las escaleras del descendimiento...

          Aparece  la  Virgen  bajo  el arco ojival del Pórtico y se estremecen los corazones, se rasga en ese momento el silencio por el canto femenino:

Patrona de Cornago,
te aclaman con fervor
los hijos de este pueblo
que también tuyos son…

        Este canto se funde y se confunde con las notas de duelo de los saxofones y el clamor varonil   de   versos   heptasílabos,   canto   de   la   Pasión   que  durante  siglos  ha  venido acompañando  a  las  procesiones de Semana Santa en nuestro pueblo. Primero recitado por una  persona,  después  al  unísono  los  hombres  moldean  las  notas tristes y graves de la escala  musical hasta hacerlas suyas y finalmente el dúo vocal (el contraste de voces altas y graves  que  resaltan,  más   si cabe, el dolor y trascendencia de esos momentos)  entona el “ Llorad pues, ojos míos;  llorad por vuestro Amado”.  Con estas estrofas se recorre el pueblo cantando  La  Pasión,  viviendo  y  reviviendo  esos  momentos  de  fe  y  esperanza.

      Recuerdo que hace unos años, un predicador sugirió que la ruta procesional cornaguesa, por  calles  tan empinadas y angostas, le habían traído a la memoria las calles de Jerusalén, por  las  que Cristo tuvo que  ir  caminando hacia el Gólgota.

      Al  final  del  recorrido,  se  vive  un  momento  materno-filial en la puerta de la iglesia. Un pequeño descanso  sirve para dedicar los versos más hermosos y sentidos a la Patrona, que aunque Soledad, todos quieren que se sienta más acompañada que nunca. La Virgen cara al pueblo  y  todo  Cornago  cantándole  de forma encendida:  que la quiere mucho.

      Al  día siguiente, “Viernes Parasceve”, día en que los judíos preparaban la comida para el sábado y que en 1955, Pío XII comenzó a llamarlo “Viernes de la Pasión y Muerte del Señor”, por la mañana,  en  Cornago  se  reza  el tradicional “vía crucis” y por la tarde tienen lugar los actos  y  oficios  religiosos  propios  de  este  día.

        La  procesión  del  Viernes  Santo  o  del  Santo  Entierro  se  celebra  en  Cornago con únicamente  dos  pasos:  El  Sepulcro  y  La  Soledad,   acompañados  de tres cortejos (uno de sayones y dos angelicales). La Soledad, de luto riguroso y con velo que le cubre el rostro, recorre  bajo  palio  las  calles  de  Cornago, a corta distancia del Hijo muerto. El recorrido de este  día es algo menor que el del día anterior, culminándose los ritos exequiales en la Plaza de  D. Carlos Pinilla  (siempre  en  este  día y en este preciso instante, abarrotada de gente). Sobre una tosca alfombra de lona tienen lugar los solemnes actos, tras un breve responso en el que no faltan ni el hisopo  ni el  incensario.

          El  primer  grupo  del  cortejo va guiado por un peculiar personaje, ataviado con peluca trenzada,  levita de terciopelo negro y portador del pendón procesional enlutado.  Detrás de él le  siguen  12  sayones,  portadores  de 12 banderas. Los sayones o penitentes visten túnica negra, llevan  la cabeza cubierta por una tela negra, donde únicamente llevan dos aberturas a la  altura  de  los  ojos,  a  modo  de  verdugo  (de esos que hemos visto tantas veces en las películas).  Desfilan al son de los fúnebres acordes, con una mano en el mástil de la bandera y  con  la otra extremidad “en jarras”. El significado de los sayones en esta ceremonia habría que rastrearlo en el de la persona que ejecutaba los castigos a los que era condenado el reo. Algunos han querido ver la representación en este cortejo de las Doce Tribus de Israel y para otros  representa  a  los  Apóstoles,  con la cara tapada y que próximos a Jesús, al igual que San Pedro,  lo negaban o no querían que se les vinculase con Él. La celebración cornaguesa del  rito  de  los  sayones,  para unos significa un gesto de homenaje al difunto, mientras que otros  vislumbran  en  los  banderazos,  otro gesto más de burla y escarnio al Crucificado.

     Hace cerca de 20 años, estando de mayordoma Corpus, se sustituyeron las banderas de los  sayones al encontrarse éstas muy deterioradas por el paso de los años. Llegados a este punto, me gustaría comentar los  dibujos e impresiones de las banderas de los sayones, que todavía  conservo  de   mi memoria infantil. Las telas estaban pintadas en algunos casos con motivos  relativos a la fauna (elefantes, serpientes…), con inscripciones alusivas a América y otros lugares,  así  como  también  expresiones  latinas  y  temas  de  la  Pasión.

      En  esta  procesión, uno de los Pasos que tanto apasiona a los cornagueses y visitantes es  el de “Los  Angelitos”,  el cual, en cierto  modo consigue  aliviar la gravedad dramática de estos  actos con su  nota de inocencia  y frescura infantil. Uno de estos grupos,  guiados por el “Angelón”,  de  rodillas  ante  las  sagradas  imágenes,  al  golpe  seco de la espada sobre la madera,  inclinan  sus  cabezas  en  señal  de  respeto  y  de  veneración.  Otro  grupo  de querubines,  agarrados  con  cintas  blancas  a  la cruz que porta el particular cirineo, ante el único  ruido  que  se escucha en ese momento en la plaza, al unísono realizan igualmente la reverencia.

       La ceremonia y procesión concluye entre cantos y rezos  en el templo parroquial, donde algunos  escuchan  los  sermones  de  estos  días: el Jueves Santo (relativo a la Pasión) y el Viernes Santo (relativo a la Virgen).

       Rastreando en algunos libros y documentos se  pueden hallar vestigios de la costumbre medieval de la autodisciplina en nuestro municipio. En los libros de cuentas de la Cofradía de la  Vera  Cruz  de Cornago, en varias ocasiones aparecen anotaciones en las que se dedican partidas  de  vino,  trementina  y  aceite  para  curar  o  aliviar  las  heridas de los penitentes. Actualmente,  como  testigo  del  pasado,  en  el  municipio  riojano  de  San  Vicente  de La Sonsierra  nos  encontramos  con la tradición-devoción de "Los Picaos" (desde principios del año  2005  declarada  como  Fiesta  de Interés Turístico Nacional), pero fueron también otras las   localidades    las   que   adoptaron   dichas  prácticas,   como   por  ejemplo: Navarrete, Grañón y Cornago;hasta que Carlos III, en el año 1777 parece ser que prohibió o reprobó este tipo  de  sacrificios,  al  considerarlos  poco  o  nada  edificantes.

       Desde hace poco más de 25 años, la Semana Santa ya no es lo que era: ni en Cornago ni  creo  que  en  ningún  otro  sitio.  Antes, en estas fechas, la música desaparecía casi por completo  (exceptuándose la religiosa  y  clásica en algunos casos)   de  radios y de la única televisión  que  había  (cuando había TV);  se  cerraban  los  bares;  trabajar  en estas fechas estaba   prohibido;    sólo    había   la   retransmisión continua  de   procesiones  o  películas de  carácter    religioso;    el    ayuno   y  la  abstinencia  era  lo  que  se llevaba (a veces por forzosa necesidad).Todo se  centraba y giraba  en torno al aspecto exclusivamente religioso.

       Hoy en día, paralelamente a la cuestión religiosa, cada uno vive la Semana Santa, como diría  Frank  Sinatra:  “a su manera”.  Unos,  sin  más  remedio,  tienen  que  trabajar;  otros, aprovechan  para  tener  unos días de descanso y disfrutar con los amigos o reunirse con las familias;  a  algunos  estudiantes  que  han sido poco aplicados, estos días les sobreviene el propósito  de  enmienda  para  el  resto  del  curso  y  los demás…pues como pueden, como quieren o como les dejan, como casi todo en esta vida.

    A ti que me lees, si eres de los cornagueses que cada año participas en las ceremonias y vivencias  de estos días, este año estamos seguros de que podremos contar contigo. Si eres de los que todavía no has participado en  la Semana Santa cornaguesa, aún estás a tiempo:

  ¡Ven con nosotros y vívela!

¡Ah!...¡y no te olvides de probar nuestro zurracapote!

 

 

 


7/Abr/2006

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