Accede a la versión Móvil
Martes, 25 de Abril de 2017
Web Cornago Google Yahoo!
  

|

Página principal | El Bagar

El pan nuestro de cada día, dánosle hoy...

Una historia con mucha miga.


      Hace más de 50 años en Cornago se cultivaba el trigo (genus triticum). en casi todas las familias.  Aunque  su  origen  viene  de  lejos,  en  el  espacio   y   en  el  tiempo  (la  antigua Mesopotamia y desde hace más de 8000 años). Me  han  contado   que  el  primero  que  se cosechaba  en  nuestro   pueblo  era  uno de la variedad conocida como “embrilla”; después,  otro conocido  como  “mocho”    (sin raspas)  y  por  último,  en  las  zonas  de  regadío, otro de la variedad conocida como “pané” (era un trigo golmajo).

        La  forma de conseguir el trigo, en un principio era muy rudimentaria (en las eras con la yunta  y  el  trillo),  hasta  que  en  los  años  50  apareció  en  el pueblo  la primera máquina trilladora.  Después  de  aventar  o  ablentar   el  trigo, tenerlo bien limpio de polvo y paja,  se llenaban  con  él:  las  talegas  (esas   sacas  alargadas  de  un tejido fuerte, basto y tupido). Normalmente  se  cargaban  en los animales entre dos personas. Luego se llevaba el grano a los  hogares  (a los alhorines, altos y graneros). Poco a poco, en fracciones de 2 ó 3 talegas, el  grano se llevaba hasta las casas de Joselín (bajera) o Tomás “el Zapatero” (actual Bar Las Huellas),  quienes después de pesar el trigo lo cambiaban por sacas de harina.

        Seguidamente   las  sacas  se  llevaban  a  la  panadería,  al  objeto  de  conseguir  los vales   (cartoncillos  de  color  oscuro)  para  obtener  el  pan.  La  primera  panadería  que yo recuerdo  fue  la  de  Pepe Calavia y su esposa Gloria. Posteriormente formaron su tahona el señor  Dionisio  Bueno  y  su esposa Domenica. He leído en algún libro que antiguamente en Cornago  había  diversos  puntos  de  venta  del  pan, así como diversas amasadoras: en  las Cercas,  en la calle Carnicerías,  en la Plaza Baroja,  en la calle Umbría y en la Plaza.

         La gente del pueblo amasaba en sus casas, normalmente un día a la semana y hacían el pan para el consumo familiar durante los siete días siguientes. Luego lo llevaban a cocer a las panaderías.  El  día  que  se amasaba se guardaba un pedacito de masa en un recipiente que  serviría  como  levadura  en  la próxima  amasada. En algunas casas tenían sus propios hornos  que  aprovechaban  para  hacer  la  cocción propia y la de sus allegados. Parece ser que  era  poco  el  pan  que se vendía, siendo únicamente los forasteros, maestros, guardias, veterinario,  curas  y  otras  raras  excepciones  los  que  compraban el pan a diario. ¡Y no se quedaba duro! Tampoco quedaba un solo mendrugo ni la gente estaba gorda por comer pan.

         Los  hornos  se  calentaban en un principio con “hulagas” (aliagas). Cuantas cargas de estas plantas espinosas se habrán quemado en nuestros hornos y hogueras…

       Eran variadas y abundantes las hornadas de pan: macerados, semi-macerados, huecos, redondeados,  harinosas,  panes  con aceite, molletes, caballitos, bollos, molletas, barras de distintos  pesos  y  grosores…  Los  panes  más grandes que yo he visto eran esos de forma circular,  de 4 ó 5 kg de peso,  por los que se pasaba la garlopa para obtener las finas sopas que darían consistencia a  nuestras morcillas.

         Al salir el pan del horno se frotaba con un cepillo mojado con agua, consiguiéndose de este  modo  el  brillo  luminoso  que  primero comerían nuestros ojos,  a la par que por dentro quedarían saciados nuestros estómagos con su presencia.

         Si  quedaba  un  pedacito  de  masa,  se  envolvía  en  un  trapo  limpio  y se dejaba al calorcito de la cocinilla de leña. Luego, cuando la masa adquiría el volumen y estado preciso, se  amasaba, se hacían unas pequeñas tortitas de formas redondeadas, de poco grosor y se freían  en  aceite  de  oliva.  Finalmente se espolvoreaban con azúcar y servían para endulzar desayunos,  postres  y  meriendas.  A  estos  ricos y humildes  manjares se les denominaba “PAPACHAS”.

         El oficio  de  nuestros  panaderos,  en  algunos  casos  ha  seguido  de  generación en generación.  Ahí  están  como  ejemplos: Panadería Pili y Panadería Primi (tan parecidos los nombres   y  con matices tan diferentes los productos de ambas). Unos más tostados, otros menos   cocidos,   algunos  con  crujientes  corrusquitas,  unos  más  alargados,  otros  con formas  más  cuadradas  en  sus extremos  y  ese  sabor  característico  e inconfundible que con  los  ojos  cerrados  seguro que cada uno de los cornagueses identificaría con una u otra panadería.  No  sólo  los de Cornago han sabido valorar las cualidades de nuestros panes, en otros pueblos  y  ciudades próximas, si los comensales tenían opción para escoger, también preferían el pan de Cornago.

         Hoy  en día, Luis y Primi continúan madrugando para que todos tengamos nuestro pan calentito a primeras horas de la mañana.

         Seguro que aún hay gente que se pregunta:

¿para qué amasarán pan los panaderos?

 Yo cada vez lo tengo más claro:

- Para poder alegrar nuestros paladares y aunque me digan ¡pan sin sal! o ¡panero!, continuaré comiendo pan (aunque engorde), porque el pan con pan,  dejó de ser comida de tontos para convertirse en el capricho divino de quien nos lo da cada día, por el módico precio de unos pocos céntimos. Y a falta de pan… ¡buenas son tortas!

 

 


26/Feb/2006

Página principal | El Bagar







[Añadir a favoritos] [Página de Inicio]

|
[ Accede a través de: http://villacornago.es/ ]
Página creada por @ngelito. Online desde hace 18 Años y 10 Meses (junio-1998)
Free counter and web stats