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Martes, 25 de Abril de 2017
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Jugar por jugar...

Y juego porque me toca.


- ¿A qué jugamos?
- A lo que quieras.
- Doy: “Don, don, bastón, quitipón, camisa y camisón”.
- ¡Te la quedas!


    Cuántas veces habremos correteado por  la  Plaza, por los Arbolitos, por el pueblo, por las eras, por la carretera,  por  el  poli, por el castillo, por los barrancos…  Además,  en Cornago tiene su parte de ventaja,  sobre  todo  cuando  desafías  a  la  gravedad y te afanas en correr cuesta  abajo.  Ya se  sabe:  “cuesta  abajo  hasta  los  carajones  ruedan”.   La   desventaja comienza al hacer el camino inverso…  Mi vecina  me  contaba:  “Anda,  que entre que vas y vienes  no  falta  gente  en  el  camino”,   o  de forma más poética, como diría  Machado: “se hace camino al andar”.

     Primer  punto  de  reunión:  LA  PLAZA.  Con  su  fuente  (la  de  entonces),  con sus dos caños  dorados,  concircuito comunicado, uno de los cuales vertía más cantidad de agua que el otro  y  si  lo  tapabas  con la mano, aumentaba el caudal de agua de su gemelo. Con sus escaleritas,  sus  poyos  alrededor,  el  pilón  o abrevadero para las caballerías. Me viene a la memoria  la  cantidad  de  cáscaras  de  pipas  de  girasol  que  había  en  todos  y cada uno de los rincones.  Todos   íbamos   con   nuestras   bolsas  amarillas  de pipas que valían una peseta,   saladas  hasta  más  no  poder  y  con  sus  cromos  de Pipi Lanstrung a comerlas a la fuente,  que  se  me  antoja  que  era  como  una  gran  sala  de  estar,  acogedora,  con vistas  por  tres  de  los  costados y una gran pantalla de plasma que era el frontón de pelota (primero  gris y luego verde),  que me recuerda  la evolución del televisor (primero en blanco y negro, luego en color). Una  plaza  que  tenía  el  suelo  con  dos  tipos  de firme y la dividían en dos, prácticamente por la mitad.

    El   afirmado   más  fino  o  pulido  (junto  al  frontón),  donde  los  escolares  hacíamos  la instrucción  cuartelera   antes  de  entrar a clase,  con  el  “firmes, ya; cubrirse, ya”. También nuestros  profesores  y  sus  fieles  ayudantes nos pasaban revista y nos miraban las manos para ver si las llevábamos limpias o sucias (no podía ser de otra forma).

    El  afirmado  más  rugoso,   basto  y  áspero  (junto  al  pilón), sería por aquello de que no resbalasen las caballerías,  digo  yo;  aunque  las  caballerías  también  pasaban  por  el otro tipo de firme…

    Con  el  tiempo,  allá  por  los años  80,  colocaron  una cabina de teléfonos como la de la película de Mercero y José Luis López Vázquez,  en el rincón de la plaza, castigada. A parte de servir para su primordial objetivo,   también  nos  servía  a  los  chavales  para  distraernos y bromear con nuestros convecinos, con el original "piticlín, piticlín".

    ¿Os  acordáis  cuando  se  montaba  el  quiosco  de  madera  en la plaza, para las fiestas de  septiembre?  Creo  que   hace  muchos  años,   en  una   ocasión   se  hundió . ¡Menudo disgusto!  Luego  se  sustituyó  por  los  prácticos  remolques  o  escenarios  de  hoy en día, de quita y pon.

    Cuántas   cantineritas,   niñas   bonitas  de  Cornago  y  cojitas, mirufí-mirufá,    cantaban, jugaban y daban saltitos por la plaza.

    Otro  de  los   juegos  que  practicábamos  era  el  del  escondite  inglés,  que adaptado a las  peculiaridades  cornaguesas, era  golpeando  cinco veces la chapa del frontón y diciendo el  estribillo  mágico:   “un,   dos,   tres,    carabín,   carabaña”.   Y  a  propósito  del  frontón: ¿cuántos   partidos  de   pelota  (con  raqueta,  pala  y  con  la mano) habremos jugado entre nosotros     y    con    los    que   nos   visitaban?   Seguramente   serán   proporcionales   al número de  callos de nuestras manos,  elevados a la enésima potencia de nuestras ilusiones por ser los mejores.

    También  las  chicas  tenían sus rincones para jugar a la soga, a la goma y a la piedrecita por  los  cuadrados de tiza  numerados. Y ya de paso, aprendían las provincias de Castilla la Vieja:  “Avila, Segovia, Soria, Logroño, Burgos, Santander, Palencia, Valladolid”. Lástima que años más tarde,  Logroño  se  transformó  en  La Rioja, Santander en Cantabria, desapareció el nombre de Castilla la Vieja  y  formaron  otras  provincias  parte  del  actual  conglomerado regional.

    En  algunas  ocasiones  jugábamos  al  “teléfono  escacharrau”  y  qué risas echábamos o mejor dicho, se nos escapaban sin remedio.

    El  escenario  favorito para jugar a las chivas (canicas), con su tute, gua, retute y pie, eran los portales del Garraleta.  Cuántos  alpargatazos en el trasero y  rodilleras me habrá zurcido mi madre en los pantalones…

    Nuestro juego favorito,  ya  de  mayores,  era:  la bandera.  En  el que jugábamos chicos y chicas.  Además,  también  había  seguidores de Johan Cruyjff e Iríbar y jugábamos al fútbol, a veces con una sola portería;  eso sí,  teniendo  cuidado  con los parvulitos de Doña Maruja.

    Mención  aparte  merecen  las  canastas  móviles  para  el baloncesto, las cuales estaban más  veces  rotas  o  en  el  paro que útiles y a punto. A veces las utilizábamos para realizar importantes   ejercicios   gimnásticos y  malabares.  Así  estoy  yo,  con  estos  brazos  que parecen columnas salomónicas con reúma…

    Y al boto o al voto (no sé, como suenan igual), cuando nos escondíamos y correteábamos alrededor de la plaza  y  venía nuestro mesías salvador gritando aquello de: “boto, voto por mí y por todos mis compañeros y por mí el primero”.

    A  las  cuatro  esquinas  en  los  portales  de  la  caja  de  ahorros  (actualmente la planta baja del Ayuntamiento),  con su típico y característico olor a meado.

    Recuerdo  que  también  coleccionaba  imágenes  de  los  personajes  de  Disney  que se encontraban  debajo  de  las  chapas  de  los refrescos de Mirinda. Fue un invento ese de las botellitas  con  sabor  a  naranja   y   el   de  las   latas  de  refrescos  que  luego nos servían para para jugar "al bote" y es que  éramos  ecológicos y reciclables por necesidad.

    Al  pañuelo;  al  punzón,  tijera,  mediamanga, mangaentera; al pasi-misí, pasí-misá por la Puerta  de  Alcalá;   manitas  "alante"   manitas  atrás,  el  que  coja  la alpargata con ella se quedará ; con  los  voladores  que  hacíamos  de  papel;  a  las  peonzas  que  hacíamos con encinas,  al  rolde o  al  aro  que   realizábamos  con  el ídem de los baldes de lata,  al balón prisionero...

    Y es que hoy, a estos niños los sacas de la play station, de la dichosa maquinita de marcianos y de la caja tonta y es que….¡se aburren!

 

 

 

 

 


10/Mar/2006

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