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Martes, 22 de Agosto de 2017
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Valdeperillo en fiestas. ¡¡¡Viva San Antón!!!

Con mis mejores deseos de felicidad para estos días.


Existe un dicho popular, el cual conocen muy bien los vecinos de Valdeperillo,  que dice así:

El día 20 de enero,
San Sebastián, el primero.
Alto, detente, varón,
que antes llega San Antón...

        Y  conocen  muy  bien  la  estrofa,  porque  precisamente  las  fiestas  de  San Antón y San Sebastián,  las cuales se celebran el 17  y  el 20  de enero, han sido siempre festejadas por los valdeperillenses,  aunque durante los últimos años y por diversas razones, las han ido trasladando al fin de semana, período que suele congregar a un mayor número de personas.

 ¿Y quién era San Antonio Abad, más conocido como San Antón?

           Dicen que nació en Cirenaica (la actual Libia), hijo de acaudalados campesinos y que vivió  105  años,  allá  por  los  años  251 - 356  de  nuestra  era.  Cuentan  que  murió  en  el monte Colzim,  próximo  al  mar Rojo.   Fue  un  monje   del   desierto   y   se   comenta   de él  que  fue  el fundador de los primeros monasterios o cenobios.  No  sólo  es  patrón de los animales domésticos,  también  lo  es  de  los  tejedores  de cestos, fabricantes de pinceles, de los cementerios y de los carniceros.

       Las  celebraciones  en  honor  al  Santo  en  Valdeperillo  dan  inicio  la  víspera, cuando el cohete festivo rasga los cielos. Los cornagueses, sobre todo los niños, acuden la tarde del día 17 a la Aldihuela de Valdeperillo,  para comer el bollo de  San  Antón  y  las tradicionales “culecas”   (bollo  con chorizo y un huevo duro),  con   diseños  y  signos personalizados,  de tamaño infantil o familiar. Algunos bollos parecen  auténticas flautas…

       El  trayecto  de  Cornago  a  Valdeperillo  (cerca  de 3 km), se suele hacer normalmente andando o en bicicleta.  Al llegar  a la altura de  la casilla  de San Sebastián (ermita en otros tiempos),  sita  en  la margen derecha del río Linares,  en  las  inmediaciones  del  paraje  de Villarrín,  comienza el  “sprint  final”  hasta  alcanzar la ansiada meta de Valdeperillo.  Luego, recorremos   sus  calles  con  avidez,  buscando los signos de la fiesta.  En  otros  tiempos,  visitábamos   el   Teleclub,   comprábamos   golosinas   en  el  bar  de  “Nati”  y  tomábamos zurracapote  en  la  bodega  de  la  juventud  valdeperillense.  Nos  llamaba  la atención a los chavales de Cornago,   el  palo  tan  largo  que  se  ponía  al  lado  de  la  iglesia,  por  el que debían   trepar   los   más  osados  para  conseguir  el  preciado   jamón.  Hace  unos  años, aprovechábamos  la  tarde  para  competir  con nuestros convecinos en las eras, en aquellos partidos de fútbol en los que nos batíamos el cobre por ganar.

         Una parte importante de la fiesta es la gastronomía. Si la cara es el espejo del alma, la cara  de  felicidad  de  los  valdeperillenses  también  es  reflejo de  un estómago agradecido. Las comidas en estas fechas suelen ser multitudinarias y familiares. Alrededor del mantel se congregan las familias,  los hijos de Valdeperillo  y  sus amistades de pueblos cercanos, tan próximos como pueden ser: Barcelona, San Sebastián o Madrid. A nadie le debe de extrañar la hospitalidad  y  simpatía de las gentes de Valdeperillo.  Existe  una  expresión  con la que supuestamente en otros tiempos, algunos valdeperillenses  recibían a sus invitados:   “Anda, sube,  que te apañaré...”  No  sé  que  hay  de  cierto  en  ella,  pero  resulta  curiosa,  la  he escuchado  en  numerosas  ocasiones  a  nuestros  mayores  cornagueses   y  por eso os lo cuento.

          Por la tarde, en la Iglesia se realiza la tradicional “subasta” o “limosna”, que cada cuál lo  llame  como  prefiera.   Celebración  con  mucha  solera,  en  la  que  un  subastador  con mucho arte y mejor humor,  eleva  hacia  los  cielos:  decenas  de manojos de rosquillas, los panes, botellas de licores, algunos quesos (hechos con la leche de los ganados autóctonos), la tarta del cura...  y  en  la  que  el  pueblo  colabora  con  su  pujanza por adquirir los dones bendecidos por San Antón, San Sebastián y la Virgen del Rosario.

         Otro  acto  significativo  de  estas  fechas  suele   ser  el  “cambio  de  varas”,  con  el  que  simbólicamente  la  juventud  de  Valdeperillo   traspasa  y adquiere sus competencias,  derechos y obligaciones durante todo un año.

         Por la noche,  la  verbena en el salón que existe a la entrada de Valdeperillo.  Cuántos pasodobles,  triples saltos y revolvederas habremos bailado  y seguiremos haciéndolo por los siglos...

         En este tipo de celebraciones  no  suele faltar la tradicional hoguera en honor al santo, donde unos se calientan (por dentro y por fuera),  otros  aprovechan  para quemar en el fuego todo  lo  negativo  acontecido en el año y  todos  abrazamos  la  luminosidad  de  la  hoguera para proyectarla en nuestras relaciones futuras.  En  otras  localidades  riojanas, tales como: Aguilar   del   Río   Alhama,    Alfaro,   Grávalos,   Ojacastro,  Rincón  de  Soto,  Sojuela   y Villamediana, tambien se encienden hogueras para honrar al patrón de los animales.

         Y de regreso a Cornago,  los  chavales  de  la  mano, de un lado al otro de la carretera, entonábamos y seguiremos haciéndolo, el siguiente estribillo:

Venimos de la Aldihuela,
venimos de San Antón.
Hemos comido aceitunas
revueltas con un ratón
.


14/Ene/2006

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